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Cantabria, al doblar la esquina - João Fernandes - SVE en España

El viernes ha llegado y, con él, el final de una semana muy cansada. No sé si fue el efecto del cambio horario del pasado fin de semana, pero la verdad es que me he sentido cansado durante toda la semana. Afortunadamente, con el final de esta semana, se acerca el viaje de tres días a Cantabria, entre sábado y lunes. Ya que el lunes es fiesta, yo tenía que aprovechar estos tres días de la mejor manera posible, así que he estado preparando ese viaje.

Si todo va bien, voy a visitar cuatro lugares durante estos tres días: dos lugares que he visitado cuando era niño (Santander y Potes), y también dos lugares que todavía no conozco (Santillana del Mar y Comillas). Lo único que yo temía era el tiempo que haría durante el fin de semana, pero las previsiones han mejorado un poco, aunque el lunes parece que voy a pillar un día nublado y con lluvia. En fin, la verdad es que no puedo estar en el norte de España y visitar lugares del norte de España durante el otoño y esperar que el tiempo estará como durante el verano... ¡Todavía no tenemos poder sobre las condiciones del tiempo!

Esta fue una semana de trabajo, por encima de todo. Siempre y cuando tenía algún tiempo libre, intentaba descansar un rato, o leer un poco o ver una película, pero mis ojos querían cerrarse de cansancio. Yo me peleaba contra el sueño pero nunca ganaba. Para ir contra la dictadura del sueño, salía de casa y a lo largo de la semana di unas vueltas por Gijón, mientras escuchaba música.

 

Hubo, sin embargo, una actividad distinta que hizo que esta semana fuera un poco diferente de las demás. El lunes, por la tarde, Ana y yo fuimos a conocer una asociación llamada "Mar de Niebla", que se encuentra en el barrio de La Calzada, en esta misma ciudad. Se trata de una asociación que, a lo largo de los últimos diez años, ha trabajado siempre con la población de ese barrio, intentando mejorar sus condiciones de vida y darle mejores oportunidades a la gente. Ellos tienen actividades distintas para cada edad, algunas para la gente del barrio y otras abiertas al público en general, y el espacio nos da una sensación de dinámica permanente. Es una buena prueba de lo que se puede hacer cuando hay ganas de cambiar algo y alguna energía para invertir en ello.

Estuvimos algunos minutos con los niños que, después de sus clases, hacen algunas actividades en la asociación. Varios voluntarios se encargan de desarrollar actividades con ellos. Los niños, que ya sabían que Ana y yo íbamos a aparecer allí en algún momento de la tarde, sacaron unos atlas, buscaron informaciones sobre nuestros países de origen y, por fin, prepararon algunas preguntas que querían hacernos. Se notaba que ellos estaban muy contentos de recibir nuestra visita, hasta el punto de que hablaban tanto que nadie podía oír las preguntas. Nos hicieron preguntas sobre los árboles que hay en nuestros países, la comida, nos preguntaron si nos gusta Asturias y Gijón, porqué nos gusta estar aquí y también cómo se dicen algunas expresiones básicas en nuestras lenguas maternas: expresiones como "Buenas tardes" u "Hola". Al final, algunos niños querían abrazarnos y no querían marcharse, sino hacernos más preguntas y estar con nosotros. Trabajar con niños, a decir verdad, tiene su encanto y nos da mucha alegría. No podía haber muchas maneras de terminar el día de una manera mejor.

 

No tengo mucho más que contaros hoy, pero os prometo hablar la semana que viene sobre los lugares que voy a visitar en Cantabria, a la vez que os voy a enseñar algunas fotos que sacaré allí. Espero que haga buen tiempo pero, independientemente del tiempo que haga, seguramente voy a divertirme y a relajarme. Eso es lo más importante y, sin duda, es lo que más necesito ahora.

De vuestro amigo,

João

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