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¡Viajar sin parar! – Theresa Schmid

6-2-2014

Con una maleta y mucha alegría fuimos a la estación de autobuses y acompañados de un arco iris empezamos el viaje. En el aeropuerto ya nos esperaban la voluntaria de Oviedo y su tutora. Nuestro avión era muy pequeño, había espacio para 60 personas, nunca había viajado en un avión así, pero llegamos puntuales a Málaga y después a Mollina, el lugar de nuestra formación. Estuvimos 118 jóvenes de países muy diferentes y no sólo de Europa. Imagínate que cada uno de los 118 jóvenes necesita una habitación y tu eres la última persona que recibe sus llaves. Es lo que pasó a mí: Esperar y esperar hasta que no quedó nadie más que yo.

 

Luego empezó la parte divertida de la formación: el intercambio con los otros voluntarios y los juegos que los tutores prepararon. Evaluamos lo que hemos hecho en nuestro SVE hasta ahora, hablamos sobre lo que esperamos, lo que deseamos para el futuro y además lo que queremos cambiar en nuestro proyecto. Vi que hay unas personas que no están contentas en sus proyectos pero hablando con ellos yo puedo valorar mi propio proyecto mucho más. Como en la última formación no hubo mucho tiempo libre, pero bastante para dar una vuelta por los campos de olivos o tomar un café. Un día hicimos una pequeña excursión a Antequera pero llovió un poco y mi grupo no tuvo mucha motivación para visitar la ciudad lo que para mí fue un poco triste pero por menos tuve una conversación interesante con un chico húngaro con quien no había hablado antes.

En la última noche todos salimos de fiesta, bailamos mucho y celebramos el SVE. Cuando una amiga y yo queríamos volver al albergue no nos acordamos del camino y lo buscamos más de media hora hasta que encontramos unos puntos de orientación. La mañana después la mayoría se levanto con una resaca o igual sólo muy cansados por la falta de dormir. Cinco minutos antes de que los autobuses tuvieran que salir todavía nadie había visto a Tomi y ya tenía miedo que tuviera que viajar sola pero en el último momento llegó.

 

Nuestra primera estación fue Málaga donde paseamos un poco con otros voluntarios hasta que se fueron a sus ciudades, vimos la catedral, el mercado, el centro y la playa. Por la tarde quedamos con dos chicos de Couchsurfing que nos acogieron. Como ya estoy acostumbrada a hablar español fue un poco raro que ellos hablaron en inglés pero Tomi estaba muy contento. Por la noche subimos a una montaña y vimos la ciudad de noche que es muy bonita. Luego fuimos con los Couchsurfers a un encuentro con otros extranjeros en Málaga, así que la ciudad me pareció bastante multicultural.

 

Por la mañana del día siguiente ya fuimos a Granada donde nos encontramos con una amiga española que nos enseñó la ciudad de una manera alternativa. Tapeando pasamos de plaza en plaza y visitamos sitios no tan conocidos. Por la noche nos encontramos con otra voluntaria alemana que se quedaba viajando y subimos al mirador de la Alhambra y a tapear otra vez. Por la mañana del segundo día fuimos a una visita guiada que fue superinteresante para mí y lo mejor: ¡Fue gratuita! En general siempre intentamos no gastar dinero con estas medidas: Couchsurfing o hostales baratos, no tren o autobús sino coche compartido, comer tapas y sólo pagar la bebida.

 

Entonces llegamos a Sevilla con muchísimo sol, pero tan tarde que no quedaba mucho del día. Visitamos la ciudad en oscuridad pero también es bonita. Por la noche nos encontramos otra vez con voluntarias que conocimos en la formación para tomar unas cervezas. Ya ves que en las formaciones conoces a muchísimos amigos nuevos. :) Para el segundo día planeamos participar otra vez en una visita guiada, pero cuando nos levantamos llovía. Sin embargo, no quisimos salir de Sevilla sin ver nada por eso fuimos a la Plaza de España. Allí nos mojamos tanto que no pudimos ir a la visita y sólo buscamos un sitio seco y calido para esperar que acabara a llover. Y de hecho cuando fuimos a encontrarnos con la chica de Blablacar no llovía más.

 

La última ciudad que visitamos más me ha gustado. En Cádiz llegamos con mucho sol. Por mala suerte no pudimos dejar las maletas en la estación de tren pero entonces vimos la ciudad con maletas. Me gusta que la ciudad es rodeado de mar y que es bastante pequeña (sólo tiene la mitad de habitantes de Gijón). Paseamos al lado del mar y subimos a una torre para ver la ciudad de arriba. ¡Es impresionante y muy bonita!

La última noche la pasamos en Málaga para estar cerca del aeropuerto, pero fue bastante difícil entender que ahora era el fin del viaje, que no seguimos viajando. Lo bueno es que logramos nuestra meta de visitar cuatro ciudades en sólo cuatro días.

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