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El principio de otro camino - Manon Claire de vuelta en Francia

Hace literalmente 7 meses que escribo artículos pero de verdad... que sé cómo empezar este. No sé qué voy a decir, qué voy a contar: es que es el último y no quiero que lo sea... Qué raro es: estoy acostumbrada a escribiros mis aventuras casi todas las semanas, y de repente PUF: tiene que parar.

Bueno, empezamos con lo más sencillo: mi última semana en Gijón. Todavía suena extraño decir eso jaja. Algo cierto es que fue una semana a luchar contra mis emociones, así como contra el tiempo. Cada día teníamos algo que hacer: estábamos a contra reloj todo el rato.

El lunes, comí con Luis, que me pedía desde hace SEMANAS comer "ratatouille", un plato típico del sur de Francia. Y era perfecto porque todavía me quedaba en el congelador ratatouille que mi abuela me había cocinado cuando vino a visitarme. Así que comimos juntos, y me gustó mucho este momento. Luis es una de las personas que más me aportó en Gijón: al hablar con él, siempre aprendía cosas.

  

El martes, dimos una vuelta por Cimadevilla con Lena, para grabar videos. De hecho, me quedaban videos que grabar para mi proyecto personal, que, con todo lo que había tenido que hacer, no había tenido tiempo grabar. Paseamos y grabamos al mismo tiempo, con un tiempo maravilloso. Fue un momento muy bonito, en el cual todavía estaba descubriendo lugares desconocidos de la ciudad.

  

El miércoles, empezaron las despedidas duras: con el grupo de francés. Lloré al despedirme de mis alumnos online, porque aunque nunca nos vimos a la cara, teníamos un vinculo fuerte al hablarnos todas las semanas... Despedirme del grupo presencial fue menos duro, porque no estábamos en las mismas condiciones que las clases anteriores. Estábamos en otro lugar, con poca gente y muchas otras actividades en el CMX: no sé como explicarlo, pero no me estaba dando cuenta de que era la ultima clase. Sentía que era algo nuevo... Fue muy raro.

Lo guay del miércoles fue que Emma volvió de Ibiza después de una semana de vacaciones, así que pudimos reunirnos las cinco, con Lidia, Jenni y Lena. Comimos, hablamos de los cotilleos del viaje (jiji), y por fin fuimos al karaoke: cosa que queríamos hacer desde hace meses. Cantamos una canción francesa que le gusta mucho a las chicas: fue un desastre, literalmente, pero yo me reí mucho. Cuando paraba de cantar, no se entendía nada 😂 También, con Jenni, cantamos una canción francesa que le había enseñado y que le gusta mucho. Me había prometido que, antes de que me vaya, la aprendería de memoria. Entonces, la cantamos juntas, y fue genial.

 

Llegó el último día en el CMX... Un momento muy emocionante. Todo el equipo nos había preparado una sorpresa: nos regalaron muchos objetos típicos de Asturias para que nunca olvidemos esta experiencia con ellos. Nosotras también les compramos algo: flores y una carta, para despedirnos de la mejor manera posible. Es que, en siete meses, por supuesto habíamos creado un vinculo muy fuerte. Verse todos los días, trabajar en el mismo despacho, corregir los blogs, contar nuestras aventuras, hablar de nuestros problemas... Sandra, Marian, María, Paloma, Luis y Nanús eran como nuestros puntos de referencias. Las despedidas fueron muy duras, pero sé que gracias a esta experiencia tenemos algo que nos une para siempre.

 

A la hora de comer, fuimos a un restaurante con Víctor y Ana. Nos contaron su viaje a Nueva York (dónde vieron a mi mama que estaba visitando a mi hermano jajaja), comimos, nos reímos, y les regalamos un álbum con fotos de nuestros momentos juntos. Les hizo mucha ilusión.

Tocaron también las despedidas en el grupo de inglés. Nanús nos había comprado cosas de comer para una "cena de despedida", y lo pasamos genial. Y lo guay era que, por fin, podíamos vernos con las caras sin mascarilla, ya que quitaron las restricciones Covid. Fue raro decir adiós, y la verdad que no me estaba dando cuenta que esas cosas que solía hacer estaban ocurriendo por última vez.

Y por supuesto, no podíamos escapar a la tradición: el jueves de tapas. Una última noche en la que salimos de fiesta con todos nuestros amigos. Todas "las nenas", llevábamos nuestra camiseta personalizada por la bisabuela de Lidia, como para estar unidas en esta última fiesta. Cantamos, bailamos, nos reímos, y por supuesto hubo lágrimas al despedirse de mis amigos...

 

Y ya llegó el último día: viernes 29 de abril de 2022. Estaba muy agobiada con todas las cosas que tenía que terminar. Hacer las maletas, limpiar el piso, ir a la policía a devolver el NIE, decir adiós ... Pero Emma estaba aquí para ayudarme, y gracias a ella, pude terminar todo a tiempo.

Antes de salir del piso, vi este lugar, que fue mi casa, todo vacío, y no pude contener mi emoción. Decir adiós a todo el mundo que había construido ahí fue muy violento, y no quería dejar todo esto detrás...

Afortunadamente, Emma, Lena, Jenni, Lidia, Víctor y Ana me llevaron al aeropuerto para que no estuviera sola. Estaba muy emocionada de ver a toda esa gente que quería tanto estar aquí conmigo para mis últimos momentos en España. Dejé mis maletas, nos sentamos y hablamos un poco, pero llegó el momento... El momento en el que tuve que decir adiós. Fue un desgarro, literalmente. Las lágrimas no paraban de fluir, así como los abrazos y las palabras cariñosas ❤️ No quería dejar estos brazos que me apoyaron tanto durante estos meses, pero tuve que hacerlo y fue un momento muy, muy duro. Dejé detrás de mí a esta gente que se había vuelto mi familia, a esta ciudad que fue mía durante siete meses, y a este país que me adoptó y que quiero tanto...

 

  

Así se terminó esta aventura: en la tristeza de las despedidas, pero sobre todo en el amor y en la felicidad de haber vivido todo esto.  

Como lo entendisteis, os escribo desde Francia, dónde la vuelta todavía suena un poco rara... Echo de menos a Gijón, a mis amigos, a la vida que tenía y a la atmosfera que me gusta tanto. Mi manera de vivir corresponde mucho más a la española ahora, y es muy raro volver a esta "vida de antes", que nunca será la misma. Pero bueno, volví a ver a mi familia, a mis amigos, y ya estoy preparando los próximos meses. Tuve entrevistas de trabajo y estoy muy contenta porque, en verano, voy a trabajar en el aeropuerto para acoger y ayudar a los pasajeros: ¡ojalá encuentre a muchos españoles jaja! Ahora, el plan es esperar las respuestas de mis aplicaciones en el Master: quiero estudiar Relaciones Internacionales, y espero poder hacerlo en una nueva ciudad de Francia que no conozco. Siempre más aventuras, jiji.

 

Con mi mejor amigo y mis amigas de campamiento

 

Con mi mejor amiga y en las calles de París con mi camiseta Cuantayá (les había prometido una foto jiji) 

Y bueno, ya está, por última vez os puedo decir que sabéis todo. No os voy a esconder que estoy muy emocionada al escribir estas últimas líneas, pero lo sé, os tengo que decir adiós.

Esta experiencia de voluntariado europeo fue literalmente una de las mejores de toda mi vida, y la mejor cosa que podía hacer este año. Llegué sin conocer nada de Asturias, sin saber lo que quería hacer con mi vida, pero siempre con las ganas de descubrir nuevas cosas. En siete meses, no pensaba crecer tanto, pero ocurrió. Ahora, me conozco mejor, sé lo que quiero hacer, aprendí muchííísimas cosas y viví aventuras inolvidables. Conocí a gente desconocida que se ha vuelto en una de mis mayores suertes, y me voy con amistades y recuerdos que durarán para siempre. Es difícil cerrar este libro y pasar pagina, pero sé que ahora tengo mil casas en Gijón, y que siempre estaré un poco como en casa en esta ciudad.

 

Antes de irme, os pido un favor: si dudais en hacer un voluntariado europeo, por favor... ¡PARAD! Atreveos y dejad de lado el miedo: iros a vivir la experiencia más enriquecedora de vuestra vida es el mejor regalo que os podéis hacer a vosotros mismos.

Muchas gracias a todos por leer mis aventuras de voluntaria en Gijón: ha sido un placer enorme escribir todos mis momentos, como en un diario personal. Gracias a toda la gente que conocí en los talleres e intervenciones por hacer de esta experiencia la mejor que podía ser. Gracias a todo mi equipo del CMX por el amor y los consejos, y todo lo que me enseño. Gracias a mis amigos por todas las risas, las lágrimas, las fiestas y los momentos más sencillos que se volvieron en instantes inolvidables.

De manera general, gracias a toda esta gente que se ha vuelto una familia para mí y sin los cuales esa experiencia hubiera sido mucho más insípida ❤️

 

Sólo es un "hasta luego"... Volveré.

Gracias por todo, y nos vemos por el mundo.

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