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Las primeras dos semanas - Lidia Conejo desde Alemania

Hallo! Es mi primer post del blog así que supongo que tenga sentido explicar cómo llegué aquí,  dónde estoy, qué hago o quién está detrás del ordenador.

Empiezo de más fácil a más difícil.

Me llamo Lidia y tengo 24 años (respuesta fácil y rápida a quién soy). Soy voluntaria en un centro  juvenil donde organizamos actividades durante la semana para lxs adolescentes del pueblo. Lidia, chica, cuenta algo más. Lo contaría si lo supiera. Llevo dos semanas aquí y han estado  dedicadas exclusivamente a darme cuenta de que sabia menos alemán del que pensaba.  Durante el primer mes voy todos los días con el resto de los voluntarios, que llegaron también  en octubre, al curso de alemán. Tendremos que esperar juntos a los siguientes meses para saber  qué voy a hacer exactamente (lo bueno se hace esperar, dicen)

Estoy en Fürstenwalde. ¿No sabéis dónde está? Yo tampoco tenía ni idea. De hecho, cuando mi  organización me contactó y lo busqué en internet mi primera respuesta fue un no. Decidí darles  una oportunidad y hacer la entrevista, después de hablar con la chica que estaba de voluntaria  en mi organización cambié de idea. Es un pueblo de aproximadamente 30.000 habitantes a 50  km de Berlín. El segundo dato es importante, porque a pesar de que me gusten los sitios  pequeños y tranquilos, quería estar cerca de una gran ciudad. Fürstenwalde parece ser el sitio  perfecto para aprender un idioma y adentrarse en la cultura local, algo que muchas veces no ocurre en este tipo de experiencias. Berlín en cambio es una ciudad en la que convergen todo  tipo de culturas y un gran atractivo para mi enriquecimiento personal. Si, también es el paraíso  de los amantes del tecno y hay mucha fiesta, pero para mí eso es secundario.

Ahora que ya tenéis la introducción, puedo pasar a contaros algo sobre estas dos semanas. No  me parecería justo decir que todo está siendo genial y ocultar mi realidad. Así que, si no quieres  leer la parte mala, te puedes saltar este párrafo. La primera vez que viví sola en el extranjero  fue, como para muchos, cuando me fui de Erasmus. Tenía 19 años y fue mi primera vez para  muchas cosas, así que con diferencia fue la vez que más me costó adaptarme. Después vino un  AuPair en Italia, donde tuve que aprender rápido el idioma. Por último, decidí dar el salto al  mundo laboral en Escocia. Todas las experiencias tuvieron sus dificultades, pero poco a poco me  fue costando menos vivir dentro de otra cultura y lejos de la tierrina. Con todas mis experiencias  en la mochila, tenia las expectativas de que el proceso de adaptación fuera más fácil que en las  aventuras previas. Pero no está siendo así, quizás sea porque vivo en un sitio pequeño o porque  no me entero de nada de lo que me dicen. De todas maneras, tengo las esperanzas puestas en  que en el siguiente post os pueda contar que ya no es así.

Venga va, que ya llegasteis a la parte donde os cuento las cosas buenas. Mi organización tiene  tres pisos de voluntarixs en el mismo edificio, somos 6 voluntarixs en total, de lxs cuales dos  voluntarias llevan aquí un año y ya están trabajando. Cada uno es de una parte del mundo: Rusia,  Turquía, República Checa, España... es una combinación perfecta para compartir y aprender de  otras culturas. Mi compañera de piso es de Rusia y gracias a ella puedo decir que mis habilidades  en ruso avanzan más rápido que en alemán (ya me gustaría). En noviembre tenemos un  seminario de lxs voluntarixs de Brandenburg y seguido tenemos el seminario nacional de  llegada, parece que se acercan cosas bastante emocionantes.  

Cualquier persona que me conozca sabe que soy un culo inquieto. Para los que no me conocéis, ya os lo digo yo: ME ENCANTA VIAJAR. En estas dos primeras semanas ya me subí a uno de los  baratos autobuses que transitan centro Europa, para encontrarme con mis dos mejores amigos en Múnich. Allí vive mi mejor amiga, gracias a la cual descubrí el voluntariado europeo. Estuvo  un año en Leipzig y después decidió quedarse a vivir en Alemania. Debido a la pandemia, hacía casi un año que no veía a mis amigos, así que pasamos un poco del turisteo y visitamos los sitios  más perezosos, pero también típicos de Múnich. Si, hablo de los biergärten. Terrazas típicas de  Baviera donde la cerveza es, como no, el producto estrella.

 

                                            

Probablemente me queden cosas por contar, pero si siguiera escribiendo me quedaría sin cosas que escribir en los otros posts. Así que, por el bien de todos, voy a dejarlo aquí. ¡Nos vemos en un mes!

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