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Febrero 2020-Isabel Langa desde Viena

¡Estoy de vuelta! La desconexión se ha debido, evidentemente, al impacto del corona virus. Ha sido todo un alboroto, aunque los voluntarios hemos salido bien parados. De todas formas, voy a recapitular al inicio de febrero, antes de la crisis.

El mes me pilló en pleno viaje, como de costumbre. Mis amigos me visitaron en Viena y nos fuimos todos juntos a Budapest para repetir la famosa fórmula: comida barata, vistas impresionantes y mucha fiesta (voy a montar una agencia publicitaria, porque esta ciudad me debería contratar). El último destino fue Zagreb, aunque llegamos bastante reventaos por los buses nocturnos y tanto trasnochar. Probamos el rakhia auténtico (error) y la gastronomía croata, que es básicamente carne. Visitamos el museo de la relaciones rotas, el de ilusionismo y nos recorrimos la ciudad varias veces porque es pequeñaja en comparación a las otras dos. Zagreb está genial para ir con amigos, no dejéis de visitarla.

   

Budapest

Zagreb

Estuve de vuelta para San Valentín, celebrándolo con mis amigos en una de nuestras pizzerías favoritas. Gelato, vino y pasta para los voluntarios con relaciones a distancia o solteros. No es mal plan. Al día siguiente (el día más señalado del mes, cuando nos ingresan el dinero), fuimos a unas clases gratis de baile indio. Todos los sábados se repiten, cada vez con un estilo diferente. Es una manera fabulosa de hacer nuevos amigos, porque tienen lugar en un distrito muy dinámico con mercadillos y muchas terrazas. Fue el primer día de sol, tras un invierno duro, y absorbimos tanta vitamina D como pudimos. Una novedad importante en este mes fue que aprendimos acerca del dumpster diving en Viena, pero de eso puedo contar poco.

La siguiente escapada a Budapest me la salto para no ser repetitiva, pero dejo esta foto del paisaje para contrastar con mi siguiente aventura: el Tirol.

 

Budapest Hills

Para finales de febrero estaba ya algo saturada. Mis baterias sociales andaban por los suelos tras tantos eventos y niños todo el día, así que decidí aprovechar que se acercaba el Mid-term training (un evento para voluntarios de toda Austria, es obligatorio y te pagan el desplazamiento) para montarme un viaje a solas. Algunos de mis mejores viajes han sido por mi cuenta, así que tengo ya la iniciativa de irme si me apetece y el plan no le cuadra a nadie más. Llené la mochila y cogí un tren en dirección a Innsbruck. Por el camino fui buscando y solicitando prácticas, porque estar de voluntariado no es todo ocio: tienes que ir planeando el siguiente paso con cabeza.

Innsbruck fue sin duda un highligh del voluntariado. Disfruté cada día allí al máximo: me quedé a dormir en casa de un voluntario que estaba de viaje en Berlín y me dediqué a explorar toda la zona. Me pateé la ciudad entera, visité el zoo alpino, subí una montaña pasando del telesférico y exploré bosques de película. Podría haber ido a esquiar (es fácil acceder desde la ciudad), pero decidí no arriesgarme: a mediados de mes me desmayé en casa y tuve una contusión fuerte en la cabeza, por lo que seguía teniendo ataques de migrañas repentinos. (Se me olvidó mencionarlo, pero terminé en el hospital y de baja varios días. Fue tan surrealista que ahora cuesta rememorarlo.) En todo caso, esta ciudad es un must si vives en Austria. Me tocó un tiempo estupendo, soleado y cálido, por lo que pude estudiar alemán en una terraza y conocer gente casualmente de ruta. Me invitaron a un concierto (de Bartbudwig, no tenía ni idea de quien era hasta entonces) en un centro cultural repleto de hipsters. Fue la guinda del pastel.

   

Innsbruck

foto

Al finde de reflexión y tranquilidad le sucedió una semana agitada. Tomé un tren a Salzburg (en serio, los trenes en Austria son lo mejor: puntuales, limpios, cómodos, buen wifi... quien pudiera permitírselos más a menudo) y allí me reuní con toda la panda. Los trainings se traducen en comida gratis, workshops interesantes, juegos y nuevos amigos. Como siempre, me encantó el evento, aunque me puse mala un día de por medio y eso lo aguó un poco.

En esta ocasión nos regalaron merchandising del Cuerpo Europeo de Solidaridad, así que nos vestíamos a juego. Fue un detalle muy bonito. A los traineers ya les hemos cogido mucho cariño, es una lástima que este fuera el último training (en teoría tenía otro más, pero el corona virus lo arruinó).

 

Como todavía me restaban energías, me quedé con unos cuantos voluntarios en Salzburg el finde siguiente. Fuimos a un hostel juvenil muy chulo, donde te regalaban el desayuno y la cena (a veces Austria te sorprende, con ese contraste entre café a 4€ y una noche -todo incluido - a 15€). Vi la película Sonrisas y lágrimas por primera vez: al parecer solo los turistas le hacen caso porque los austriacos están hasta las narices de ella. Nada mejor que verla allí y buscar los edificios que te gustaron.

 

Salzburg

Aprovechamos para escaparnos a Hallstatt, el pueblo más idílico que he visto nunca (ojo, nadie desbanca a mis pueblos asturianos, pero eso ya es subjetivo). Es algo dificil llegar, con mucho transporte de por medio, pero incluso el trayecto merece la pena. Ves lagos y campos de un verde sobrenatural contrastados por montañas nevadas (las rarezas de finales de febrero). El último paso es montar en barco para cruzar el lago, y para entonces ya estás absorto por la belleza de este sitio.

 

 Hallstaat

Pues eso sería todo en cuanto a viajes. Por estas fechas comencé a notar los efectos del corona virus: mis vuelos a Dubrovnik fueron cancelados, con lo cual semana santa se iba al garete. Poco a poco mi bandeja de entrada se llenó de mensajes mencionando al COVID-19, y he de admitir que al inicio era bastante molesto: a nadie se le pasó por la cabeza que pudiera llegar a ser tan grave. Todos nos decíamos "ay, los medios de comunicación. Ay, la histeria colectiva" y seguíamos a lo nuestro. Por suerte, esta actitud salvó a los vieneses de desabastecimientos de papel higiénico innecesarios. Pero todo esto lo comentaré en el siguiente post, porque marzo será siempre recordado como EL mes catasfrófico en el que todos nos dimos cuenta de la que se nos venía encima.

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