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Ak! Mana Milestiba Riga- Tania Montes

28-10-2013

Riga se ha vuelto oscura y fría de repente. El sol empieza a esconderse a las cinco (que hasta ayer eran las 18:00) mientras la gente va poco a poco desapareciendo dentro de sus casas. Los gorros de lana, las manoplas y las bufandas empiezan a tomar protagonismo en una ciudad que encara, según dicen muchos, el invierno más frío en 100 años.

 

  
Y yo estaré aquí para comprobarlo.
Ya he pasado el ecuador de mi proyecto, y tengo que reconocer que me muero de la pena. Mentiría si dijese que no tengo ganas de ver a mis padres, de abrazar a mis abuelos o de discutir con mis hermanos, pero siento que volver a casa va a suponer demasiado sacrificio.


Porque aquí soy feliz con lo que hago. Disfruto levantándome por la mañana entre esta gente que me da los buenos días en una lengua que antes me parecía tan extraña. Me gusta coger la bici y que me dé el viento frío en la cara mientras cruzo el río y Old Riga se despliega preciosa ante mis ojos. Me siento completa cuando mis chicos aparecen sonrientes y expectantes, impacientes por saber qué seremos ese día, exploradores o magos, extraterrestres o superhéroes.
Y ahora además, doy clases de español. 3 días a la semana. Con 37 alumnos universitarios las primeras semanas (ahora ya, alguno menos), cuando yo esperaba a 5 señoras mayores que viniesen por hacerme un favor. Un regalo.
Las últimas amigas vienen a visitarme y veo como se empiezan a ir voluntarios que empezaron a la vez que yo.

No puedo negar que me va a costar marcharme cuando llegue el momento. El fin de esta aventura me acecha casi sin darme cuenta, y el tiempo está pasando como si jugase en mi contra. Pero no me agobio. No miro al mañana si no al hoy. Trato de dar el máximo cada día para ver si así queda más lejos el futuro, para intentar que Abril no llegue nunca. Tengo miedo del después. De volver a una España en la que no poder aportar nada, de llegar a casa y sentirme como si nunca me hubiese ido, como si esta experiencia hubiese sido un sueño y no hubiese aprendido nada.
Pero Abril llegará. Llegará la hora de hacer la maleta y de decir adiós, y de volar con más o menos pena hacia lo que me espere, sea lo que sea. 


Y le plantaré cara, así como los letones plantarán cara a este invierno frío que nos espera, a este invierno que pronto llegará a mi amada Riga. Porque si algo he aprendido estos meses de EVS es que cuando algo se hace con el corazón, siempre se recibe mucho más, y yo solo espero estar a la altura.

 

 

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