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Quizá tengas algún amigo - Tania Montes

19-8-2013

 Mi aventura empezó este año, así que antes que yo supe de alguno que se iba a Francia e incluso despedí a Manuel en Marzo cuando se fue a la vecina Lituania. Y en Abril llegó mi momento. Me llamo Tania y estoy haciendo un EVS en Letonia durante un año, en una organización llamada "Apeirons" que pretende lograr la integración de personas con discapacidad. Vivo en Riga, en un piso compartido con dos jóvenes letones que anunciaron el otro día que se iban a casar. Ah, sí, y el Gato.

Antes de venir tenía miedo. De la gente, del piso, de no dar la talla. Tenía miedo hasta de tener miedo. Pero la verdad es que ahora sigo viva gracias a que Nanús (que debería matarme) me lo perdona todo ya que le prometí este artículo hace algo más de 2 semanas. La cosa está en que estoy tan ocupada y tan feliz que no encontré el momento de pararme a escribir todo lo que me está pasando aquí, perdónae.

 

Así que, intentando hacer valer el típico "más vale tarde que nunca", empezaré a contar un poco sobre cómo sobrevive una chica como yo en un sitio como el Este.

 Me levanto todos los días en mi pequeña Riga, en la que poco antes de las 5 de la mañana ya da el sol. Cojo una bici que compré hace tiempo y cruzo el Daugava, río emblema de la ciudad, donde espera la parte antigua y un tráfico bullicioso que la gente se toma con tranquilidad. En unos 12 minutos llego al "trabajo", que poco o nada tiene que ver con el resto de oficinas que he visto antes. Cuando abro la puerta, y patosa de mí, entro con la bici armando escándalo (por mucho que quiera evitarlo), Ramona desde la entrada, rodeada de un millón de flores preciosas que cultiva ella misma, me da los buenos días sonriendo.

Ramona toma una medicación muy fuerte porque tiene esquizofrenia. Algunas veces tiene días malos y se encuentra algo peor. Hace un par de semanas tuvo una recaída fuerte y estuvo 10 días ingresada en un centro psiquiátrico. Pero todas las mañanas trae flores y me da los buenos días sonriendo, sean para ella buenos o no.

Un poquito más al fondo Ivars deja lo que esté haciendo y se levanta para darme dos besos a la española y entonar un sonriente ¨Labrit, Señorita". Ivars es el jefe, por así decirlo. En realidad, se acerca más a la verdad llamarle el "padre" de la organización. La fundó con la que ahora es su mujer cuando estudiaban trabajo social, hace ya unos 25 años, porque querían cambiar el mundo. Y creedme que desde este rinconcito del planeta lo están haciendo.

En el estudio de video, están Zanda y Talis, que me enseñaron palabrotas (además de cómo grabar, editar y producir video) las primeras semanas. Aigars, desde su silla de ruedas trabaja con Jurgis en el departamento de accesibilidad y diseño universal. Jurgis es parcialmente ciego (tiene una visión del 10%) y está terminando de estudiar ingeniería. Aigers, con una sonrisa que ilumina el sol, aprendió inglés en 3 semanas para poder tener alguna conversación de café conmigo. Irina, también en silla de ruedas, recorre la oficina cuando ve que llego para poder hablarme un poco en su tierno inglés.

Nina ronda los 65 años y compartimos un despacho. Hace un mes organizó un curso gratuito de inglés para los trabajadores para que todos pudiesen comunicarse con los voluntarios. 

Además, todas las semanas vienen a la oficina "los chavales", algunos desde casa, la mayoría desde un centro de día. En Letonia, como también pasó en España no hace tanto como nos gustaría reconocer, cuando tienes una discapacidad, física o psicológica, la norma general es que te quedes en casa compadeciéndote de ti mismo. El objetivo es que nadie te vea usar el transporte público (un transporte público que empieza a ser accesible) o caminar entre "los normales", porque podrías ser peligroso o resultar incómodo.

Aquí intentamos cambiar eso. Intentamos que nos vean. Intentamos hacer ruido y dar a entender que no hay diferencias si nos movemos en silla de ruedas o caminamos (de eso se encarga Juris, responsable del grupo de deportes), ni en si nos encantan las matemáticas o tenemos dificultades de aprendizaje.

Y mi pequeña aportación se centra en hacer que "estos guajes" pasen un rato agradable en un sitio diferente, con gente diferente y también, aunque me esté poniendo las pilas con el letón, en un idioma diferente. Y que ellos también hagan ruido, que vayan en autobús y en tren para venir a vernos y a jugar, a ser superhéroes o medallistas olímpicos, para que la gente les vea y los acepte, como debería ser.

E intentando hacerles disfrutar a ellos es como más disfruto yo.

Esta es la gente que hace que mi experiencia aquí sea fabulosa, que la palabra "suerte" se quede pequeña. Son una familia, y se ganan a pulso que todo el que les conozca quiera formar parte de ella.

Porque de eso se trata, de esto va esta familia. De hacer las cosas un poquito mejor para los demás, de intentar ver las cosas desde el otro lado, de no ver lo que nos falta si no todo lo que podemos hacer juntos. En esto consiste esta familia que me ha dado el voluntariado.

Porque al principio me daba miedo no dar la talla, no estar a la altura, a no poder devolver todo lo que me están dando. Antes que yo hubo un voluntario que dejó el listón muy alto, y me tenía bloqueada la idea de no poder ser tan buena. Pero decidí que no puedo dedicarme a intentar superar a alguien que no sea yo misma, que no tiene sentido ni interés. Así que ahora trato de darlo todo y hacerlo lo mejor posible, para marcar mi propio camino que tampoco nadie tenga que imitar.

Pero si queréis saber más, no lo dudéis y venid a visitarme al Báltico, al Noreste de Europa, a Latvia, a Riga, a Nomentnu iela 21- 4, a la casa de la Artista, del Arquitecto, de la española y del Gato, porque aquí siempre tendréis un sitín.

 

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