Libros. Montones de libros de texto pulcramente ordenados en estanterías. Otros, apilados en sillas y mesas, esperan ser clasificados. Lengua, historia, matemáticas... todas las asignaturas tienen cabida. Hay miles de ellos, pero cuando José Manuel Sánchez y sus hijas Inés, de 11 años, y Sara, de 6, entregan los manuales del pasado curso, la persona que hay al otro lado del mostrador los recoge con satisfacción. La escena pertenece a la oficina del Conseyu de Mocedá de Xixón, donde se desarrolla el XIII Programa de Intercambio de libros de texto, organizado por la Asociación Juvenil de Estudiantes Progresistas y la Confederación Asturiana de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (COAPA). Un programa que en sólo dos semanas ya ha recibido 2.140 libros, donados por 206 usuarios de Gijón, Oviedo, Langreo, Siero y Villaviciosa.
El arranque del programa este año está suponiendo un incremento en la recepción del doble respecto a la pasada edición, con la satisfacción que eso está generando entre los organizadores. Unos organizadores que también advierten que tanto hoy como mañana se va a interrumpir la recogida de libros porque el Conceyu estará cerrado, debido a la celebración de la Fiesta de las Asociaciones, en Poniente. El lunes próximo, eso sí, en horario de 10 a 14 horas, se retoma la atención a los donantes de libros. Donantes como José Manuel Sánchez, que en su primera participación sostiene que «es una forma más de reciclar».
Carmen Lastra, de 13 años, llega acompañada por su madre. Conocen el programa desde el año pasado pero no participaron entonces porque «ya habíamos encargado todos los libros cuando nos enteramos», asegura. Nunca es tarde, así que este verano ha contribuido con sus libros de 2º de la ESO.
La décimotercera edición de este programa viene cargada de novedades. Por primera vez, el intercambio acaba una vez iniciado el curso porque «la experiencia de años anteriores es que había muchos estudiantes que se incorporaban tarde a los centros y quedaban desprovistos de libros», afirma Javier Suárez, coordinador del programa. Para cubrir esta carencia, la organización comenzó a recoger el material el pasado 4 de julio y permanecerá hasta el 31 del mismo mes. En esta primera fase, la asociación recopilará los libros y entregará un vale por cada uno. Desde el 22 de agosto y hasta el 25 de septiembre se desarrollará la segunda, en la que los usuarios del programa podrán canjear sus vales por manuales y podrán seguir entregándolos. La última fase se dedicará a aquellos alumnos rezagados y permitirá la recogida y entrega hasta el 31 de octubre.
Este año también se abre la puerta a libros de lectura con el fin de fomentar su gusto entre los niños. La noticia se ha acogido con agrado, aunque muchos ciudadanos, como Carmen Rodríguez, madre de una niña de 8 años y un niño de 3, desconocían la ampliación del programa.
Los usuarios se muestran encantados con el intercambio. «Me parece muy bien, es una propuesta que ayuda a las familias y, teniendo en cuenta la época de crisis en la que estamos, todo lo que ayude es bueno, indudablemente», dice Melisa Fernández, madre de dos niñas que han cursado 3º de Primaria y 1º de ESO, respectivamente. Opina que «es una doble labor: por un lado, no se talan tantos árboles y, por otro, das varios usos a los libros». Todo ventajas.
Además de contribuir al sostenimiento medioambiental, y al sostenimiento económico de las familias, la iniciativa ayuda a educar en la necesidad de la reutilización, arte desconocido para los críos nacidos en la era del «comprar-tirar». El curso pasado, la hija pequeña de Melisa pensaba que era mejor tener libros nuevos, pero este año prefiere heredar los de otras personas y «está impaciente por saber de quién son o qué tienen escrito», cuenta divertida su madre.
Javier Suárez explica que «la idea surgió con la intención de reivindicar la educación gratuita, que es un derecho constitucional pero que no se cumple a día de hoy». El proyecto se basa en «la solidaridad, el compañerismo y la reciclaje». Fue en 1999, en la Universidad Laboral, cuando un grupo de estudiantes reflexionaron sobre la importancia de estos valores y comenzaron a cambiarse libros entre ellos. Hoy, la Asociación recoge entre 8.200 y 8.300 manuales cada verano, procedentes de 2.400 alumnos. En este tiempo, «el número de libros prestados y de usuarios que participan se ha incrementado, especialmente en las dos últimas ediciones, como consecuencia de la crisis económica. Además, «se ha creado una fidelidad entre los participantes, que repiten año tras año», dice Suárez.