"España es uno de los países europeos incluidos en el estudio donde el problema es más apremiante. El informe refleja que el 5% de los que dejan de estudiar después de la educación obligatoria queda atrapado en la inactividad y otro 20% en el desempleo, y esto implica que los cinco años siguientes a que dejen los estudios pasarán la mayor parte del tiempo en esa situación", dice la economista de la OCDE Glenda Quintini, coautora del trabajo.
"El mayor riesgo en el actual contexto de recesión económica es que más jóvenes se encuentren en esa situación", dice Quintini por correo electrónico. "Darles una segunda oportunidad de formación es la mejor solución para ellos", añade Manfredi. "Para evitar lo que se ha llamado el efecto de generación perdida, lo mejor es implementar medidas específicas; por ejemplo, Reino Unido anunció que garantizarán una plaza de formación o en un trabajo a todos los jóvenes inactivos durante un año; o el Gobierno australiano está dando subsidios a las empresas para que mantengan sus puestos de prácticas o de aprendiz", concluye Quintini.
¿Qué está haciendo España ante una situación señalada por activa y por pasiva? Para empezar, la semana pasada el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ofreció al líder del PP, Mariano Rajoy, un pacto en educación que pasa por una importante reforma de la Formación Profesional, escalón imprescindible para reenganchar en el sistema formativo a los jóvenes. Dentro de la anunciada reforma de la FP y del plan contra el abandono escolar acordado entre el Gobierno y las comunidades, hay medidas para dar esa segunda oportunidad.
Entre las que ya se han puesto en marcha, destaca la convalidación de la experiencia laboral por una parte del título de FP (cuyas pruebas arrancan en Cataluña y Baleares este mes). Esto puede allanar el camino para que los jóvenes sin título se animen a volver a estudiar si no tienen que cursar una parte del programa. También se han anunciado ayudas para que trabajadores de 18 a 24 años que no han obtenido un título puedan compaginar su trabajo con el estudio -con contratos de formación o a tiempo parcial-. De momento, este año se han reforzado las becas compensatorias en la FP para que el joven estudie en vez de trabajar.
Es pronto para valorar la eficacia de estas medidas o para medir el impacto psicológico de la crisis, pero el número de estudiantes en bachillerato y FP aumentó el curso pasado un 3%, después de 15 años de descenso continuado. Además, 138.000 personas -22.500 más que cuatro años antes- se inscribieron para conseguir el graduado en la educación de adultos, cuyas aulas están llenas de jóvenes que habían dejado de estudiar unos años antes. En cualquier caso, el reto está también en volver a convencer a esos jóvenes de las bondades de la formación después de años en los que el trabajo fácil, de baja cualificación, estaba esperando a la puerta de los institutos.
El catedrático de la Universidad Pompeu Fabra José García Montalvo también habla de la importancia en la situación de los jóvenes que ni estudian ni trabajan de "la tupida red social" que existe en España. Mientras en EE UU, por ejemplo, que un joven de 18 años no estudie ni trabaje se ve cómo una especie de fracaso familiar, en España "no hay esa presión", dice García Montalvo. "Se dice que no pasa nada, que aún no ha decidido", añade.
García Montalvo, aún con escepticismo sobre las cifras concretas que da el documento de la OCDE -debido a las dificultades para homogeneizar estos datos entre países-, está de acuerdo con la base del análisis, sobre todo teniendo en cuenta las altas cifras que tradicionalmente tienen en esta estadística países como Reino Unido o España. En el caso español, insiste en que se refleja una gran precariedad laboral del país, es decir, una alta temporalidad que hace que mucha gente pase por periodos intermitentes de empleo y desempleo.