Ahora que se había logrado que los Encuentros de Juventud de Cabueñes hicieran honor a uno de los términos de su nombre, y se celebraran precisamente en Cabueñes, resulta que por donde le han saltado las críticas a la reciente edición de este año es por lo de «Juventud» (divino tesoro). El presidente del Conseyu de la Mocedá de Xixón, Jordán Suárez -que tiene nombre de río con cuyas aguas se bautizan reyes- ha manifestado que dicho acontecimiento ha sido este año el «más decepcionante» que recuerda desde que es joven. Y ello ha sido debido a que los organizadores no se dedicaron a escuchar a la juventud asistente, sino a servirle programaciones cerradas, y a decir lo que un joven ha de hacer, y tal y tal. Parece mentira, porque hasta uno de los eslóganes de la cosa parecía en sí mismo francamente prometedor. Decía: «kdams n kbuñs 08», es decir, «quedamos en Cabueñes», pero escrito según esa notación que elimina vocales, tal y como ya hacían los hebreos antiguos cuando eran un joven pueblo.

Dicho eslogan nos pareció tan fresco y vibrante que incluso parecía rejuvenecer la cita hacia algo así como encuentros de adolescencia de Cabueñes. Tal vez sea ese problema; que los organizadores -un tropel compuesto por Ayuntamiento de Gijón, Instituto Asturiano de la Juventud, Consejos de la Juventud de Gijón, de Asturias y de España, la FEMP y el Injuve- han tratado a los asistentes como a adolescentes, y no como a jóvenes, sin percatarse de que las fronteras de la juventud se han ampliado tanto que un tipo con 40 tacos ya pasa por joven (y más ahora que la banca refrenará la emancipación hipotética e hipotecaria). En otra vertiente de la frustración, Jordán Suárez ha añadido que estos Encuentros de 2008 tuvieron el mismo lema que los de 1986: «Los jóvenes y las nuevas tecnologías». Esto tiene mucha miga. Igual los encuentros son ya una antigualla, pero lo más duro de todo es esta otra reflexión: ¿hasta cuándo vamos a seguir llamando «nuevas» a unas tecnologías que tienen ya más de 20 años? Acabáramos.