Jóvenes, mucho que decir

JORDÁN SUÁREZ La verdad es que después de unos años, concretamente éste es el cuarto, de celebración de la fiesta de las asociaciones podemos decir que este evento se ha consolidado ya como uno más en el verano de la ciudad. Pero sobre todo, la fiesta de las asociaciones es un espacio abierto, participativo y solidario donde cada una de las personas que se acercan es protagonista de todo lo que pasa. Esa es una de las grandes aspiraciones de esta fiesta, hacer que cada uno de los participantes se sienta responsable y comprometido, se sienta verdaderamente implicado en lo que está haciendo.

En estos tiempos que vivimos, en este modelo de sociedad que hemos construido, es difícil hablar de la participación o el asociacionismo y que nadie te mire con cara de sorpresa, susto o extrañeza. Hoy ya no pega, o no está tan de moda, estar implicado en esto de las asociaciones. Realmente, no es que no esté de moda, sino más bien que, socialmente entendido, ya no es atractivo eso del «rollito asociativo».

El Conseyu, cerca ya de cumplir 13 años, tiene un claro compromiso con las asociaciones y los jóvenes y, en consecuencia, con la ciudad en general. Muchas de las políticas que aquí y en otros lugares se desarrollan han nacido de la mano de la iniciativa de asociaciones y colectivos. Muchas son fruto de las intensas y profundas reivindicaciones que durante, a veces, años han desarrollado entidades y colectivos. Ello no es más que el fruto del compromiso e implicación de generaciones anteriores a la que vivimos, que es el resultado de la participación de muchos. Y es que háganse una idea, imaginen, una joven democracia como la nuestra no sería ni la sombra de lo que es si nadie se hubiera implicado o participado en construirla y cambiarla. Cada pequeño grano de arena ha servido para consolidar lo que hoy podemos disfrutar todos. Sin cada uno de los minutos que disfrutamos de esos cambios tampoco hubieran tenido sentido.

Hoy el mensaje es otro, nuestros mayores se han empeñado en construir una confusa versión de esa transición de pasado a presente y de presente a futuro. Hoy el mensaje sobre la participación e implicación de los jóvenes, sobre su compromiso social, tiende siempre a la negatividad. Y es que no somos capaces a reconocer que no tenemos por qué ser herederos de nadie. Mientras algún adulto piense que puede tener una actitud introspectiva e invocar su juventud para entender a los jóvenes, este adulto estará perdido.

Los jóvenes no tienen por qué seguir un modelo predefinido para estar dentro de eso que llaman normalidad. El modelo no tiene que ser siempre el mismo, y ello no tiene que significar una ausencia de valores. La realidad es que los valores están ahí pero cambian las formas, las actitudes, las interpretaciones y la puesta en escena. Todo es fruto de lo que los propios jóvenes construimos, es nuestro patrimonio, no es una herencia de nadie. Pero tampoco queremos ser en el futuro antepasados de nadie.

Lo nuevo no tiene que ser malo, no se le puede tener miedo al cambio, no tenemos que ser reflejo de nuestros mayores, de la misma forma que tampoco podemos imponer que nos entiendan, simplemente debemos convivir y compartir. No debemos pedir la indiferencia ante todo lo que planteamos, pero tampoco podemos permitir la prohibición tácita a todo lo que hacemos.

Si el dialogo no se produce, es preciso provocarlo; si la emancipación no llega, debe favorecerse; si los valores se aceptan acríticamente, quizás debemos replantearnos todos nuestras propias seguridades. En definitiva: si la juventud calla, quizá tiene mucho que decir.

Y para escucharlo con muy buen sonido y para verlo con mejor imagen, qué mejor que 4 días de playa. Jueves 31 de julio, viernes 1, sábado 2 y domingo 3 de agosto, cuarta fiesta de las asociaciones en la playa de Poniente, para los que tengan algo que decir y para los que quieran oírlo.