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3 meses en el Norte-Alba Villa desde Finlandia

¡Hola, después de tanto tiempo! Parece que la cuarentena también ha afectado a mi blog, ya que llevo unos cuantos meses sin escribir. Pero en esta entrada prometo hacer un resumen de todo lo que he vivido durante este periodo.

Para tratar de no olvidarme nada, voy a ir en orden cronológico, así que empezaré con marzo. La primera semana de este mes fue una especie de calma que precede a la tormenta. Me uní a una excursión de un día que hacían a la ciudad de Kuopio. Al parecer la gente finesa hace esa excursión (unas 2-3 horas de bus en cada dirección) para poder ir al Ikea y tiendas que no hay en Ylivieska. A mí me llamó mucho la atención el gran viaje que hacen para ello y no me lo creí del todo al principio cuando los otros voluntarios me lo dijeron, pero resultó ser completamente cierto. Fuimos los únicos que paramos en el centro de la ciudad (el bus siguió con el resto de la gente al centro comercial de las afueras) Estuvimos visitando la zona y la verdad es que la excursión estuvo muy bien y que, para ser una ciudad finlandesa (no es que sean las más bonitas del mundo), es bastante chula y con cosillas que ver. Los días siguientes en Eskola tuvimos un concierto de un grupo que iba visitando diferentes escuelas y llevando música a los colegios. Tocaban increíble e interactuaban con el público y niños mandándoles hacer diferentes movimientos y sonidos, así que lo disfrutamos mucho. Igualmente, en el club de las tardes sugerí hacer rosquillas y nos dedicamos a eso una de las tardes. A los niños y niñas les gustó mucho poder hacer diferentes formas con la masa y el sabor de este postre, así que fue todo un éxito. 

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Comienza la tormenta... Mi compañera Silvia llevaba un tiempo malita, así que decidió cogerse un vuelo a España (el 11 de marzo) y estar allí unas semanas para ir al médico y ver a la familia y amigos, así que tratamos de disfrutar sus últimos días en la naturaleza y viendo pelis y series juntas acompañadas de Hilla (la perrita de uno de nuestros compañeros de trabajo que se fue de vacaciones y acogimos encantadas). Pues, como os lo podréis imaginar, no resultó ser el mejor momento para volar. Unos pocos días después de que llegara a España se declaró el estado de alarma, así que no ha podido volver y estamos esperando a ver si puede hacerlo en algún momento, pero no tiene pinta de que vaya a tener vuelos desde España por un tiempo. Fue justamente en este momento cuando empezamos a asimilar que el Corona Virus era algo serio, porque desde Finlandia tampoco estábamos viendo mucha preocupación hasta el momento. Pero la semana siguiente empezaron a cambiar las medidas, los colegios comenzaron a cerrar y cada vez había menos niños en la guardería.

Ese finde ya tenía planeado con los voluntarios que viven cerca (Ylivieska, Kalajoki y una chica del sur que había venido y no podía volver por la situación) un viaje a una cabaña en Laponia, íbamos con coche propio y tuvimos cuidado de respetar todas las recomendaciones y de usar constantemente mucho (MUCHO) desinfectante y jabón. Aprovechamos para dar paseos por las rutas en la naturaleza (algo que siempre ha estado permitido), usar nuestra sauna, ver las últimas auroras boreales y disfrutar de los montones de nieve (que ya escaseaba más al sur).

Para la vuelta, ya que ninguno de los otros voluntarios tenía realmente un trabajo porque habían cerrado los centros en los que trabajaban, decidieron quedarse todos juntos a vivir en Ylivieska durante este periodo. Yo estuve una semana con ellos y volví a Eskola, pero la verdad que tampoco había mucho que hacer allí, así que tras hablar unos cuantos días con la organización de acogida y la coordinadora de Eskola, llegamos al acuerdo de que me podía quedar en Ylivieska con el resto y trabajar a distancia con las tareas que me enviasen (básicamente fue revisar la versión inglesa de la web de Eskola y proponer recomendaciones y modificaciones de contenido y formato)

 

 

Por suerte, en Ylivieska nos permitieron quedarnos en el centro juvenil de la ciudad, que es un espacio abierto muy amplio con algunas habitaciones donde podemos dormir y tener nuestras cosas. Además, tiene una cocina grande, lavadora y diferentes espacios con sofás, juegos (de mesa, consolas, billar, futbolín, air hockey, etc.), instrumentos, un proyector, equipo de sonido...

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Llegando este momento, puede que os estéis preguntando cómo se ha vivido la situación aquí, porque realmente no he contado mucho sobre ello... Pues, sin duda, no ha sido como en España, todo tenía una apariencia de bastante normalidad, aunque con los sitios cerrados y algo menos de movimiento al principio. Podíamos seguir saliendo, no había restricciones de horas ni distancia, solo recomendación de ser grupos de menos de 10, evitar contacto y movimientos innecesarios, lavarse las manos, evitar tocarse la cara, etc. También es cierto que en Finlandia la densidad de población es baja y disminuye cuanto más hacía al norte vayas (quitando alguna ciudad como Oulu. Por lo tanto, aquí, en ciudades/pueblos del centro-norte, realmente no hemos vivido una gran diferencia, pero los voluntarios del sur, Helsinki y ciudades más grandes (donde más ha afectado), sí que pudieron notar antes y de mayor manera la diferencia (por ejemplo, con calles, metros, buses y trenes prácticamente vacíos)

A nivel personal, pase un poco por fase de negación, pensando que la cosa no era para tanto. Luego fui asimilándolo y empecé a ser consciente de que era algo que venía para quedarse e iba a transformar nuestro voluntariado y forma de vida por un tiempo. La situación en España junto con los repentinos grandes cambios, cancelaciones de viajes, planes e ideas me generaron mucha tristeza, inseguridad, incertidumbre, confusión y frustración en un corto periodo de tiempo. Lo cual me agobió bastante y fue algo complicado a nivel emocional, una pequeña montaña rusa.

Por un lado, me costaba encontrar motivación y ganas para hacer el trabajo que me mandaban y me martirizaba un poco por no ser capaz, sentía esa presión por ser productivos que tanto se ha criticado últimamente. Pero, a medida que ha pasado el tiempo, he aprendido a entenderme mejor, perdonarme, no culpabilizarme y respetar mis ritmos. Al fin y al cabo, es una situación nueva y complicada y es normal que nos afecte a nivel emocional. Mi conclusión ha sido: está bien tener momentos difíciles o duros emocionalmente y me los voy a permitir. Además, estoy segura de que muchas cosas ya las tenía guardadas de hace tiempo, pero las había ido escondiendo, por lo que el parón de la cuarentena me ha dado más tiempo para sacarlas, pensar y gestionarlas.

Por otro lado, la situación me ha permitido conectar mucho más con mis amigos y mi familia. Cuando haces voluntariado -o al menos en mi caso- tienes una sensación de vivir otra vida o una paralela y a veces pasan tantas cosas nuevas e interesantes a tu alrededor o estás tan enfocadas en conocer a nueva gente y hacer planes, que, por momentos se te olvida un poco de dónde vienes. También es verdad que yo siempre he sido un poco así, desde pequeña, no echaba de menos y se me olvidaba llamar a mi familia cuando me iba de campamento porque estaba totalmente centrada en lo que estaba viviendo (a mis padres no les hacía tanta gracia, pero creo que ya están acostumbrados) -familia y amigos, si estáis leyendo, no me odiéis u os enfadéis, os sigo queriendo y echando de menos y por supuesto que tengo mismo momentos nostálgicos-.

   

Volviendo al tema, aunque fue un poco chocante al principio, porque la burbuja en la que estaba explotó de golpe y sin anestesia, creo que hasta lo acabaré agradeciendo, porque sino habría explotado a la vuelta y esto me permite estar más preparada y mentalizada (incluso con algo de ganas de volver a ver a gente y hacer cosas allí), además de empezar a pensar en el futuro, en qué quiero hacer una vez que vuelva (¡se admiten ideas!... sigo bastante perdida con esto).  

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En general ha sido un periodo confuso y difícil por todo lo que estaba pasando, pero al mismo tiempo me ha aportado muchas cosas y me ha permitido conocerme, crecer como persona y ser consciente de lo importante que es el apoyo y contacto social. Por ello, estoy muy agradecida de haber pasado todo este proceso acompañada de mi familia, amigos en España y de mis amigos internacionales con los que he podido olvidarme un poco de todo y disfrutar haciendo cientos de cosas estos meses: cocinando platos de los diferentes países y comida súper rica; dando paseos; yendo a la playa y a una cabañita a las afueras de la ciudad junto a un lago y con sauna (ya os he hablado de ella en anteriores blogs); realizando videos para redes con ideas o recetas para los jóvenes de ylivieska, viendo series y películas, jugando (billar, ping pong, juegos de mesa...); tejiendo y aprendiendo crochet (¡Por fin he acabado mis calcetines de lana! -adjunto prueba fotográfica para los escépticos-); haciendo yoga; plantando hierbas aromáticas... En definitiva, compartiendo cosas de cada cultura y cada uno e intercambiando miles de conversaciones, risas y experiencias.

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