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Diario de abordo- Saúl Fuentevilla desde Noruega

2 de Febrero, 2020

No siempre tuve la posibilidad de afrontar un cambio que oxigenara los cimientos de un derrumbe previsto, salir con la habilidad del escapismo cinematográfico y romper los esquemas de una burbuja perenne, tener la sensación de dominar todo aquello cuanto vaya a venir a mi vida, como si el anfitrión de estas emociones fuera yo mismo y no el cúmulo de historias y desencuentros que moldearon mi forma y ser.

El lunes 27 de enero llegué a Oslo, a un país que sentía como un destino necesario e idílico con el que formulaba futuros lejanos. Era como una meta conseguida, un pequeño sueño. Tras algunos baches, un tiempo de espera hasta una nueva oportunidad, apareció como una luz inesperada.

No siempre se está seguro del siguiente paso, en mi caso tambaleo con cada decisión, pero ésta era una oportunidad distinta de una sola oportunidad en la vida que debía aprovechar y exprimir en aquel destino lejano y deseado.

Y Cathrine depositó su confianza en mí con el calor y la comprensión de mi momento.

Durante esta primera semana, me ha enseñado pequeñas muestras del entorno y se ha preocupado de mi situación, de mi comodidad. Dosis de calor y hospitalidad noruega, como quien abraza sin conocer ni esperar.

El entorno me encanta, me aporta. El momento me es necesario, me ayuda. La gente es mágica, diferente. El cambio cultural está abriendo nuevas ventanas en mi mente.

Este primer contacto ha servido para conocer la increíble zona de proyecto, adecuarme al país y sus costumbres, charlar y, resaltar por último, el maravilloso día de trabajo que supondrá cada viernes apoyando en inglés y plástica a adultos refugiados y niños de familias migrantes, respectivamente, y sentir ese calor y bondad de quien se sabe afortunado de vivir y disfrutar y así lo comparte.

  

16 de Febrero, 2020

La experiencia avanza y con ella todo el proceso mental de adaptación, nunca imaginé que fueran a facilitarme tanto cambiar la vida que tenía. Desde el contacto más cercano con Chatrine como Project leader y figura maternal a todas aquellas personas con las que comparto horas de trabajo y conversación.

En un primer pensamiento, Noruega puede parecer un país distante, frío, casi utópico en ciertos aspectos sociales. Y, por momentos, ofrece esa sensación a quien es nuevo aquí y le abruma una nueva aventura. Es como si necesitara de mi y de cada persona que aterriza ese pequeño esfuerzo inicial, tan ligero como gratificante una vez completado. La gente ofrece su lado amable, pasea a cualquier hora del día, te enseña a apreciar y a valorar tu propia capacidad y todo aquello que puedas aportar.

Estas primeras semanas están siendo una toma de contacto.

Por un lado, ayudar en Varmestua los martes, una asociación de carácter social que desempeña una labor impagable, me permite tener contacto con una realidad distinta a la mía: el rechazo de la sociedad, el infortunio, la pobreza. Colaboro en la cocina junto a la chef, dando de comer o limpiando todo aquello que sea necesario.

En el proyecto al que vine, hemos empezado a plantar semillas, crear algunos cajones, aprender a cuidar de los animales y valorar los recursos que tenemos. No imaginaba que sabía tan poco y que tenía ilusión por saber todo. Poner en relieve y otorgar la importancia que le corresponde a la naturaleza es la pieza central de este viaje, y a pesar de amar las montañas durante años, ahora empiezo a incorporar a mi vida esa visión más ecologista.

8 de marzo, 2020

Hace algunas semanas que no escribo, pero todo sigue creciendo y yo con ello. Aunque, es cierto, esta vez asoma en el horizonte una amenaza en forma de virus. Aquí ya han empezado los controles y la inversión en la sanidad pública para controlar un potencial problema de salud. Sin embargo, esta vida un poco alejada de las urbes y lo social, es difícil que nos alcance y mantenemos una normalidad continuada.

Disfrutar a cada rato del proceso y ser partícipe en la construcción de la permacultura en forma de granja es una constante diaria.

He estado empezando a recorrer sitios más alejados a través de correr y el país me enamora: esa naturaleza tan normalizada pero conservada a escasos kilómetros de la ciudad es impensable de donde provengo. Y esas luces nocturnas sobre el lago infinito que tengo a minutos me hacen ver el cielo con una ilusión distinta.

 

No podía haberme sentido mejor durante esta adaptación.

 

22 de marzo, 2020

Empiezan a brotar las primeras semillas que plantamos y siento ilusión por ello. Es distinto trabajar, o aportar, cuando eres capaz de apreciar sus frutos.

Aunque todo tiene su asterisco: la situación mundial del coronavirus aquí también alcanzó y aunque, si bien no hay confinamiento gracias a la prevención, ya únicamente colaboro en el proyecto y no pude despedirme de Varmestua ni de la Casa de cultura donde acudía con todo el ánimo posible cada viernes.

Ya hemos comenzado a construir un invernadero a través de material reciclable: ventanas, botellas de refresco, plásticos en desuso. Y hemos aplicado algunos trucos, como plantar una rodaja de tomate... y ha funcionado. Ahora tenemos unas cuantas plantas más. Quién me iba a decir que funcionaría.

  

También he visto mi futura caravana, tengo muchas ganas de compartir vida en ella con los dos compañeros voluntarios, aunque la pandemia ha entorpecido su llegada y no sabemos cuándo se dará.

 

12 de abril, 2020

Sigo descubriendo sitios corriendo y nada defrauda. Es como si cada esquina, cada árbol, tuviese su historia y magia. Y la temperatura empieza a subir, la gente se empieza a animar a hacer planes más duraderos y la luz solar ya es más amplia que en España. Si me gustase ir a la playa, podría hacerlo. Y el coronavirus va pasando, nunca hubo confinamiento y la responsabilidad civil que existe en el país ayuda, y mucho. Pareciera que nunca llegó del todo.

 

Por otra parte, sabemos que al ser solo dos es más difícil trabajar. El proyecto debería haber comenzado el día 1 pero aún no pueden llegar los otros dos voluntarios, así que tomamos el trabajo con filosofía: abarcamos lo que podemos, y disfrutamos. Plantamos, pintamos carteles, construimos, cuidamos de los animales. Siempre hay algo que hacer pero siempre es entretenido y al fin y al cabo, gozo de la libertad para dar forma a todo en lo que aporte.

Incluso han reparado el baño y hemos limpiado cuartos y caravanas con la ilusión de recibir pronto a la gente. Ojalá.

Y hoy, 12 de abril, hemos ido a otra región de Noruega a acampar y hacer senderismo. Junto a Chatrine y dos hijos.

3 de mayo, 2020

En estas semanas hemos recibido animales: unos cerdos búlgaros preciosos y más patos. Tuvimos la mala suerte de que un zorro mató varios en las últimas semanas.

El cielo de Noruega sigue precioso cada tarde. Es un naranja infinito que impregna la retina. Y el trabajo se vuelve una rutina dulce donde voy creando más y más afinidad con Chatrine. Creo que no imagina cuánto agradezco esta experiencia y cuánto agradezco su ayuda para todo. Es más madre que amiga, pero no perdiendo ese componente de amiga tampoco.

  

Y empiezo a echar un poco de menos. No estoy triste, no quiero volver, pero ya es todo una realidad conocida y empiezo a valorar a la gente que amo. No tengo grandes novedades, no puedo contar mucho, pero se nota esa mañana en la que empiezas a echar de menos.

Esperamos que los voluntarios puedan venir para final de mes. Veremos. Esta experiencia debe ganar enteros si es compartida.

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