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Abril, ahora qué - Isabel Langa desde Austria

Abril ha sido un mes de lo más extraño. Para empezar, el abril aguas mil no ha surgido ningún efecto en Viena, porque apenas recuerdo días de lluvia (algo impactante para una asturiana). En segundo lugar, la primera mitad del mes fue un poco más de lo mismo - vida con distanciamiento social: muchos paseos con la bicicleta y videollamadas a todas horas - pero a mediados nos anunciaron que empezaríamos a trabajar en breves con (relativa) normalidad. Por ello, siento como si hubiera vivido dos meses en uno, radicalmente distintos el uno del otro.

Las primeras dos semanas fueron tranquilas. Seguí mejorando al página web de mi asociación y también me dediqué al Eureprojekte, aquel otro proyecto europeo para voluntarios en Viena que nos fue aprobado. En mi tiempo libre hice más picnics de los que puedo contar y empecé a ver las señales de que la cuarentena estaba terminando. Poco a poco, los bares ofrecieron espacio en sus terrazas. Poco a poco, la gente empezó a pasear más tranquila, sin máscara y sin prisas. Poco a poco volvieron a oírse risas en la calle y los parques se llenaron de reencuentros. Fue un cambio agradable, aunque bastaba con entrar a un supermercado para recordar - por todas las medidas de seguridad - que esta primavera no iba a ser tan dulce.

Imagen 1: durante el tiempo de social isolation, mis únicos acompañantes (me, myself and I)

  

Imágenes 2 y 3: de mi distrito en obras a colinas muy alejadas del centro

  

Imagen 4: ¿Alguien? ¿nadie? ¿hoooola?

 

De vuelta al trabajo, volver a ver a los niños fue toda una experiencia. Tras un mes de aburrimiento, se nos comieron a besos, dispuestos a portarse bien y disfrutar de estar juntos de nuevo (si hubiera sabido que tan solo hacía falta una cuarentena para poner en orden un jardín de infancia...). Los días son tranquilos, ya que el horario se redujo y se decretó un máximo de 7 niños a la vez. Esto nos ha dado mucho margen para desatar nuestra creatividad: hemos inventado nuevos juegos y actividades. Incluso hemos pintado el patio interior de colores en un arrebato. Salimos al parque todos los días, a veces exploramos zonas desconocidas del Augarten y a veces nos limitamos a correr en los jardines. Desde que gestionara la página web durante la encerrona, me han ofrecido combinar horas de oficina con tiempo en el kínder. Así puedo estar tranquilita con el ordenador a primera hora y unirme al grupo para comer. Yo diría que es el mejor upgrade que podría haber pedido.

Imagen 5: disfrutando del buen tiempo en el patio interior

 

La única mala noticia es que, al acabarse el tiempo de "tú solo sobrevive, ya tomarás decisiones más tarde" llega... ¡bingo! Momento de decidir sobre el futuro. Para los que estamos aquí, habiendo vivido una situación mucho más benévola que en España, volver parece más complicado que nunca. No solo en el tema logístico, sino a nivel de oportunidades. Me estoy planteando quedarme a vivir en Viena, a pesar de toda la morriña, porque las cosas pintan muy mal de vuelta en casa. Creo que ahora mismo, es la preocupación principal de todos los voluntarios, porque muchos planes se fueron al garete.

Ya veremos que nos depara el futuro, hasta que tenga las cosas más claras, me despido y os deseo a todos mucha buena suerte.

¡Un saludo a distancia!

Imagen 6: reencuentro de los voluntarios

 

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