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Volver a casa. Enero 2019 - Clara Abellan - Voluntariado en Italia

Y sí, título esta entrada de nuevo volver a casa, porque el hecho es que parece no existir diferencia entre estar en Murcia con la familia, y estar en Génova con la familia, que al fin y al cabo, uno elige durante esta experiencia. Las vacaciones de navidad en España me han servido para abrazar fuerte a cada una de las personas que más quiero, pero he de decir, que sentía una gran dicotomía entre querer quedarme un poco más, y ansiar volver a la ciudad que con todo lo que ella significa, me hace sentirme tan bien durante estos meses.

Y volver a la ciudad, significa encontrar la nieve, ¡la nieve!, que no es que digamos una cosa a la que los murcian@s estemos muy acostumbrados. A pesar de que está haciendo un invierno muy muy ligero, con mucha luz y cielo azul prácticamente todos los días, la maravilla de la naturaleza siempre te sorprende, con sus imprevisibles cambios, cambios que al final, te hacen entender cómo funciona el mundo, te hacen entender que siempre hay que estar abierto a lo inesperado. Y la nieve que llegó por sorpresa, tiñó todo el paisaje de blanco, blanco que inunda de felicidad a todo aquel que lo observa y que trasporta al espíritu más infantil a niños, padres y abuelos, sacando la sonrisa más sincera y olvidando los problemas más o menos banales que empañan nuestro día a día. Un motivo de alegría perfecto creado dentro de pareciera un universo paralelo. 

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En la escuela infantil Vico Rosa, nos aprovechamos de cada oportunidad que nos brinda aquello que nos rodea para aprender. Por ello, plasmamos el blanco de la nieve, la oscuridad de la  noche, que durante el invierno es más larga, y le ponemos color al viento y a la lluvia. Todo ello, experimentando con todos nuestros sentidos, incluido el oído, ya que a través de Vivaldi y su composición de las cuatro estaciones, caracterizada de sonidos estridentes que evocan una tempestad, nos inspiramos para crear y transformar.

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Por otro lado, hemos comenzado a asistir a la escuela infantil Pollicino, situada en una zona de la periferia rural de Génova. Es un sitio con características y posibilidades infinitas, ya que son menos niños, espacio mejor distribuido y sobre todo, un jardín, donde se pueden realizar millones de actividades de aprendizaje experimental en la naturaleza. Sin embargo, será todo un desafío, pues, a pesar de que las compañeras que forman el equipo de trabajo son muy amables, a nivel profesional se encuentran algo desmotivadas. No obstante, mi respuesta ante esta situación por ahora es positiva, es decir, creo que puede ser una ocasión favorable para ambas partes, en la que a través el intercambio de opiniones, métodos y experiencias crezcamos profesional y personalmente. Cada vez soy más consciente de que todo crecimiento personal se proyecta en un desarrollo profesional y viceversa, y  estoy convencida de que cualquier desventaja puede convertirse en una maravillosa oportunidad de aprendizaje. Además, si las intenciones son buenas y existe voluntad, todo puede mejorar. El simple intento ya es un triunfo.

Para terminar el balance de este mes, diría que a pesar de que Génova es una ciudad con una población bastante envejecida, pues existe un flujo de emigración muy grande, sigue siendo una ciudad llena de opciones culturales, lo que me fascina. Este mes hemos asistido a recitales de poesía, espectáculo de artes circenses varias (acrobacias, malabares, equilibrismo) ¡pero cuanto talento hay en este mundo! Realmente, como decía Gardner, existen muchos tipos de inteligencias y aún, cuando exista una en la que destaquemos más, siempre podemos explorar más posibilidades para sacar la máxima potencialidad de nosotros mismos.  Y he de decir, que asistir a este tipo de exhibiciones me hace preguntarme, ¿y tú? ¿Qué otra cosa podrías probar y descubrir de ti misma? Y ahí estoy...en el camino.

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Un saludo, y ¡hasta el mes que viene!

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