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Septiembre - Irene Fernandez - SVE en Eslovaquia

Buenas, al habla desde Liptovksy Mikulaŝ la pequeña ciudad eslovaca en la que voy a vivir estos doce meses. Montañas al norte, cerca de la frontera con Polonia, los Altos Tatras (Cárpatos) montañas al sur, los Bajos Tatras; al Este, Liptovska Mara el algo más grande del país. Es todo maravillosamente verde,  poco tiene que ver con la Extremadura de la que vengo o la Cádiz donde estudié; y bueno, esa era la idea, esa es la idea supongo de todos cuando nos da por estar un año por ahí, cambiar de aires. No elegí Eslovaquia por ninguna razón en especial, quería probar el Este de Europa y este proyecto en una comunidad gitana me llamó la atención. Empecé la semana pasada, así que quizá sea pronto para hablar de mi experiencia con los niños romanís. Pero a Liptovsky llegué el 1 de septiembre así que probablemente sí que pueda dar algunas primeras impresiones de los eslovacos...( con todas las generalizaciones que este tipo de juicios implica y las limitaciones que nuestro basiquísimo conocimiento del eslovaco nos trae, afortunadamente la mayoría de la gente joven de Mikulaŝ habla algo de inglés).

 

Aunque la mayor parte del tiempo lo esté pasando con otros voluntarios (dos chicos turcos y una chica francesa son mis compañeros de piso y de proyecto), hemos tenido la oportunidad de entremezclarnos con locales en algunas ocasiones, unas más "festivas" que otras y la verdad es que el grado de sobriedad influye mucho en sus ganas de interactuar con foráneos. Sí, nuestra fluidez en eslovaco es casi nula (estamos en ello), pero todas las conversaciones animadas que hasta ahora he tenido con ellos han sido bajo los efluvios de la cerveza, el borovička (licor eslovaco por antonomasia, a todas horas en todos lados, incluido el tren! transparente, peligroso, poco agradable al paladar a mi gusto) o el Tatratea (este está más bueno). Pero tampoco quiero caer en tópicos y que quede esa como la idea esencial de la gente eslovaca, llevo poco más de un mes aquí y no hablo su lengua...  son gente cordial, el trato en tiendas, bares y restaurantes es educado; y por la calle muchos saludan con la cabeza al cruzarse (hay muchos viejecitos en bicicleta).

 

He tenido prácticamente un mes de vacaciones desde que llegué aquí así que he dado bastantes vueltas aprovechando el sol y el calor que pronto vamos a echar de menos (-20 grados en invierno, señores). Cerca de Liptovsky Mikulaŝ, a una hora de tren está la capital de la región, Žilina, que es también una ciudad universitaria llena de gente haciendo EVS; así que he pasado aquí más de un viernes y sábado noche. A media hora de donde vivo está Ruẑomberok interesante por dos cosas: la primera es que por ella pasa la línea de autobús que va tanto a Cracovia como a Budapest; la segunda, está rodeada de montañas y la cruza el rió Vah (que también pasa  por mi ciudad) así que es un buen sitio para hacer senderismo y otras actividades del estilo (nuestra asociación nos llevó allí a hacer rafting y una ruta; probamos uno de los platos típicos, muy ligerito, haluŝky, una especie de ñoquis en salsa de queso con bacon frito ). Bratislava está a 3 o 4 horas en tren (depende del tren y del retraso que lleve, yo casi pierdo un vuelo por su eficiencia) y por mi primera visita no puedo decir que me encuentre especialmente impresionada, pero quiero conocerla mejor.

En cuanto a Cracovia, es una maravilla: está también a unas 3 o 4 horas en bus y es  una ciudad  muy mágica y viva, llena de artistas callejeros, tiene un castillo de cuento, junto al río; al norte, una plaza gigante, muy animada de noche, llena de artistas callejeros,  con un mercado entre galerías y una basílica gótica de torres desiguales; y al este Kazimierz, el barrio judío, más íntimo de calles estrechas, las sinagogas casi pasan desapercibidas, hay un mercado circular donde puedes comprar zapiekanka por poco más de un euro (una especie de media barra de pan tostado con queso, tomate, champiñones, kétchup y lo que quieras añadirle).

 

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