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De arena y espaldas quemadas - Mateo Quevedo - SVE en Polonia

Es increíble cómo han cambiado las cosas desde mí llegada a Lodz, hace ya casi 10 meses. Al principio, entre que no conocía a mucha gente y el clima frio, apenas hacia algo destacable cada semana. Ahora, no hay día en que no quede con algún amigo o vaya a algún sitio nuevo. Esta ciudad es toda una caja de sorpresas. Desde luego, puede parecer algo fea de primeras pero siempre tiene algo que ofrecer y es realmente difícil aburrirse.

Prosigamos donde lo había dejado en mi ultima entrada: a finales de Junio viaje a Olsztyn, una ciudad situada en el noroeste de Polonia. La verdad, no tenía ni idea de la existencia de este sitio hasta que conocí a dos voluntarias que vivían allí, y no puedo estar más contento de haberla descubierto, pues es un pequeño paraíso, posiblemente la localidad más bonita que he visitado este año. Solo deciros que en su municipio se encuentran un total de once lagos y la ciudad está rodeada de bosques. No pudo faltar, por supuesto, algo de ocio nocturno acompañado de los Erasmus locales; un bañito a pesar del mal tiempo y obsequiar a mis queridas anfitrionas con un poco de gastronomía asturiana (dos nuevas fans del cachopo). La verdad es que es una pena haber conocido esta maravillosa ciudad tan tarde, me hubiera gustado visitarla varias veces, sin duda un gran sitio donde vivir.

 

A mi regreso a Lodz, los días se sucedieron con numerosos "reuniones" en Off Piotrkowska, el punto de encuentro por excelencia de esta metrópoli para disfrutar del buen tiempo y mejor compañía con unas cañas en sus acogedoras terrazas. ¿Quién iba a pensar que tras pasar varios meses a temperaturas bajo cero acabaríamos nuestro voluntariado tomando el sol en manga corta?

 

El sábado 7 de Julio tuvo lugar uno de mis acontecimientos más esperados: ¡una autentica boda polaca! Yo, que nunca en mi vida he tenido la oportunidad de asistir a alguna en España, me sentía muy afortunado de haber sido invitado y, a pesar del "mal trago" que me supone siempre ir de compras, pase la prueba encantado para poder disfrutar de una bonita fiesta de enlace, con su correspondiente banquete lleno de comida típica polaca, algo de vodka y muchos bailes.

 

La siguiente semana los voluntarios de Ferso afrontamos la evaluación final en Spała, un acogedor pueblo que me recordó mucho a Arriondas, en Asturias. Porque al igual que allí, hay toda una cultura de piragüismo en torno a su rio. Fueron tan solo dos días y una noche pero, ¡que dos días! La organización nos consiguió una habitación de lujo en una preciosa cabaña de madera, la comida del hotel estaba de muerte y, por supuesto, bajamos el rio, con la consiguiente guerra acuática. También fue algo muy especial porque al día siguiente Sandra se volvía ya a Madrid, así que pasamos una última noche todos juntos celebrándolo como se merece, poniendo la guinda final a estos maravillosos nueve meses de convivencia. 

 

Sin tiempo para descansar, al poco de terminar nuestra estancia en Spała tuvieron lugar dos acontecimientos muy especiales: mi regreso a Gdansk, esta vez con algunos voluntarios; y mi cumpleaños. El viaje fue genial, ya os conté anteriormente lo bonita que es esta ciudad, pero es que además esta vez viajamos a Hel, un pueblo situado al final de una increíble península que lleva su mismo nombre. Os recomiendo que busquéis imágenes en internet, parece algo sacado de una película. Mis amigos y yo disfrutamos muchísimo de la playa, del viaje en ferry y de una de las mejores discotecas que he tenido el placer de pisar este año. Acerca de mi cumpleaños, no tengo palabras para describir lo feliz que me siento. Cierta increíble persona que he conocido aquí en Polonia se puso en contacto con todos mis amigos, y cuando digo todos digo todos, incluido aquellos que están en España; para realizar un video en el cual nadie se quedase sin felicitarme: voluntarios que ya no están, amigos a los que hechos de menos, etc.... Solo puedo decir que soy muy afortunado de haber conocido a tan maravillosa gente.

 

Y bueno, lo dejo aquí por hoy, la verdad es que en estos últimos días hago tantas cosas que me paso escribiendo, y me gustaría dejar alguna cosa para mi última entrada. La próxima vez que nos leamos ya estaré en Gijón. Hasta la vista.

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