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Episodio II: me voy asentando-Javier Martin-SVE en Polonia

Si creías que con el primer post de mi blog lo habías visto todo, esperad a leer lo que viene a continuación, os dejará ensimismados, patidifusos, como si os hubiera "dao" un aire o un marichalazo.

Como bien sabréis, este blog viene a ser una especie de cuaderno de bitácora donde cuento algunas (Algunas: adjetivo indefinido femenino plural, sin llegar nunca a contar la totalidad de lo ocurrido porque este blog también lo lee mi madre) de mis vivencias acaecidas cada mes.

El mes de octubre lo puedo resumir con una frase: sentirse como en casa. Y es que aunque no lo parezca, han pasado dos meses desde que estoy aquí y Łódź ya es como mi Oviedo del alma (climatológicamente hablando también). La recorro de arriba abajo sin problema o eso creía yo. Una noche (recordad que esto también lo lee mi madre, por eso a partir de ahora utilizaré eufemismos) después de salir de una ajetreada y movidita reunión de amigos con un leve atisbo de embriaguez me decidí por irme a casa solo, absolutamente convencido de que llegaría a mi destino sin coger ni un solo taxi, pues bien, no pasaron ni 10 minutos y ya me encontraba más perdido que Marco en el día de la madre. De repente apareció un taxi y cuando me disponía a decirle mi calle al conductor me di cuenta de que ni siquiera sabía cómo se llamaba la calle donde vivo. Fue en ese preciso instante cuando me dio un leve ataque de risa a la vez que me afanaba por encontrar en mi cartera el papelito donde tenía mi dirección apuntadita. ¿Sabéis que los perros tienen un chip que contiene toda la información necesaria por si un día se pierden?, esa noche ese papelito fue mi chip.

Como os decía, conozco la ciudad como la palma de mi mano.

A parte de esto, deciros que he empezado a viajar. Ahora me muevo más que los precios, he estado recorriendo recientemente una pequeña parte de la costa polaca, concretamente la zona de Gdansk, Sopot y Gdynia. Las tres preciosas y con mucho encanto (que cursi me ha quedado esto último). Fuimos un grupo de 5 voluntarios (una francesa,un italiano, una serbia y 2 españoles entre los que me incluyo), alquilamos un apartamento y a partir de ahí ya te puedes imaginar.

 

El primer día cuando llegamos a Gdansk.....bueno, pensándolo mejor, debería empezar por el principio. La mañana en la que nos disponíamos a subirnos en el autobús hacia nuestro destino, mi querido Fra (mi hermanito italiano), decidió quedarse dormido en casa. Fue bastante gracioso porque cuando hablé con él por teléfono para preguntarle dónde narices estaba a falta de 5 minutos para coger el bus, me dijo algo así como "ya voy...pero llegaré un poco tarde" mientras oía moverse el nórdico de su cama.

De este modo, las primeras horas en Gdansk las pasamos Mili,Mati y Javi, sí,lo se,parecen los nombres de unos personajes de una serie mala de los 90, pero las quiero muy fuerte. La quinta es discordia era María. María es la dinamizadora de eventos. Sí te descuidas un momento te prepara una verbena en medio del salón.

 

Por lo demás todo bien,gracias por preguntar. Deciros además que ya hemos empezado en serio con las clases de polaco.¿Sabéis ese momento cuando vas en el coche y te aparece un conejo en el medio de la carretera y le das las largas y el conejo se queda como hipnotizado? ,yo soy ese conejo en clases de Polaco.

El mes de octubre ha sido también el mes de las tortillas de patatas. Porque es que yo me debo a mi público y si mi público quiere tortillas ¡yo les doy tortillas!... algunas de ellas quemadas, pero oye, ¡tortillas al fin y al cabo!.

 

Y hasta aquí otra de mis aventuras. Espero que os haya gustado, nos vemos por Polonia. 

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