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¿Hay vida después del EVS?- Mario Francos-SVE en Polonia

Escribo estas palabras desde el aeropuerto de Modlin Varsovia, a punto de coger el vuelo a casa pero, ¿Cuál es mi casa ahora?

Todas las personas que tenemos una experiencia internacional a nuestra espalda, notamos cierto sentido de pertenencia que va mas allá de dónde nos hemos criado o los lugares que hayamos visitado. Un sentimiento que te conecta con otras culturas, que te hace pensar en diferentes idiomas y sentir empatía por las personas que no viven en tus mismas condiciones. Muchos de los miedos que tenia hace un año se han quedado atrás y muchísimas inquietudes nuevas rondan mi cabeza.

 

Todo este blog esta lleno de buenas razones por las que todas las personas deberían vivir esta experiencia, me sumo a ellas pero no me voy a extender enumerando otras. Una de las mas importantes: aumenta considerablemente tus oportunidades laborales. Ya sea porque a la vuelta cuentas con mucho mas nivel de idiomas, ya sea por la experiencia que has adquirido en el voluntariado, ya sea por las ganas con las que afrontas los nuevos retos o ya sea, como esta siendo mi caso, que vayas a buscar las oportunidades mas allá del horizonte.

Efectivamente, en España las oportunidades laborales distan mucho de ser ideales, tanto por número como en condiciones salariales. En el caso de Polonia, único país de la eurozona que no entró en la crisis de 2008, se vive un ambiente de progreso en el que florecen las ofertas laborales, sobretodo para personas extranjeras con dominio nativo de diferentes lenguas. Después de unos meses tanteando las opciones que me ofrecía España decidí probar suerte en Cracovia. Cual fue mi sorpresa que las personas nativas de lengua Castellana se cotizan al alza. El lunes mismo comenzaré un nuevo proyecto lleno de ilusión.

 

Empezaba el artículo hablando de ese sentimiento de pertenencia que se ha ido moldeando a lo largo de estos diez meses, por supuesto mi casa es y siempre será Asturias pero no puedo menos mencionar la proximidad que siento con Polonia y la gente que vive aquí. Y, por supuesto, todas las personas de Europa, Norte de África y oriente próximo, con las que he compartido esta experiencia, me han ayudado a entender que formamos parte de algo mas grande, que las fronteras separan los países pero las personas comparten los mismos problemas, alegrías y, en definitiva las ganas de ser feliz.

Con estos sentimientos, entre la tristeza de cerrar la etapa de voluntariado y la alegría de empezar algo nuevo, quiero dar las gracias a todas las personas que han aportado algo el último año desde Nanus en el CMX, IB Polska como organización coordinadora, el centro de personas con autismo y todos los profesionales que con tanto amor me han tratado y por supuesto a mi familia que sigue apoyándome en mis decisiones por muy locas que les parezcan.

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