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¡Feliz año nuevo! - Ana Miruna - SVE en España

¡Ya está! El fin del año 2015. Un año estupendo, lleno de aventuras y de cosas inesperadas. ¿Pensaba yo hace un año que iba a pasar a través de todo esto: vivir en otro país, aprender otro idioma, conocer gente de todo el mundo y viajar por muchísimas ciudades en España y Portugal y muchos momentos memorables? Probable que no. Fue uno de los mejores años de mi vida y no puedo acordarme solo de algunas cosas o solo de las cosas que me han gustado porque este año fue complejo, sin las partes malas no pude vivir las partes buenas y no pude aprender y mejorar.

 Lastres 

En el fin de año volví a Rumania para pasar las Navidades con mi familia, para ver mis perritos y para disfrutar la comida rumana. Pero no fui sola a Bucarest, lleve algo de España y más exactamente mi compañero de piso. Tuve suerte de tener muy buen tiempo, aún demasiado caluroso y soleado para esta temporada y pude disfrutar y enseñar cada aspecto de mi ciudad: los parques, el casco antiguo y los edificios históricos o nuevos. Y en este periodo me di cuenta de algunas cosas y de algunas diferencias entre estos países. Y gracias a estas diferencias disfruto más lo bueno y lo malo de cada ciudad. Por ejempló me di cuenta de lo pequeño que son los precios en Bucarest y de cuánto dinero gaste en España para cada compra. Por ejempló un billete de bus es solo 0.30 céntimos o de metro solo 0.45 o la entrada en un museo es entre 1 o 2 euros. 

    

Una otra cosa que no eché de menos: la vida en una ciudad grande. Me gusta vivir en Gijón porque tienes todo muy cerca y no pierdes tanto tiempo de camino, en tráfico y luchar con otra gente para caminar y llegar a otro lugar. Claro que me ha gustado mucho volver a casa pero en el mismo tiempo no quiero que mi tiempo en España se acabe. Tengo todavía muchas cosas de hacer, de aprender y lugares de visitar. Por esto tengo que aprovechar y disfrutar cada momento de los meses restantes y volver a Rumanía con los conocimientos que aprendí durante mi voluntariado. Hasta la proxima!

P.D. Ahora cedo mi espacio un momento a mi compañero de piso y viaje en esta ocasión, para que os comparta sus impresiones acerca de Rumanía.

   

 Aprovechando esta oportunidad me gustaría, como no, dar una pequeña visión de Rumanía desde la perspectiva de alguien que apenas conocía la región. Antes que nada, decir que jugaba con cierta ventaja por las pequeñas píldoras informativas que Ana me suministró días previos al viaje. Sin más, me encontré en Bucarest, la ciudad de la diversión, una de las hipótesis que fundamenta el nombre de la capital, esperaba unas temperaturas más gélidas, pero en este caso el cambio climático hizo de las suyas y nos permitió disfrutar de un clima otoñal perfecto para conocer la ciudad. Ciudad con interesantes contrastes, por un lado centro comercial y financiero mezclado con ciertos barrios en los que se puede comprobar los vestigios del comunismo que sufrió el país hasta la evolución de 1989. Nada que no se haya sufrido en España con la dictadura de Francisco Franco. Por ello en cierta medida, determinadas zonas de Bucarest me han recordado a esa España de la transición, luchadora del cambio que se transforma poco a poco en una región del primer mundo.

   

Su casco antiguo está lleno de historia, historia contada en un tour gratuito de 2 horas de duración en el que te da otra visión curiosa de la ciudad haciéndola mucho más atractiva. La ciudad cuenta con numerosos Lagos a lo largo de ella, varios parques en los que perderse una tarde entera disfrutando de la naturaleza. En uno de ellos se encuentra el museo del pueblo rumano, y creedme, es espectacular y una visita obligada, hermosas iglesias ortodoxas, edificios históricos y un sinfín de recovecos llenos de interés. Por otro lado, fui afortunado y a nivel gastronómico puedo decir que pocas cosas me quedaron por probar de la cultura del país, deliciosas sopas, bizcochos navideños, platos típicos navideños como el Sarmale, bebidas de la zona y postres especialmente sabrosos (influye que soy muy de postres también). Así que sin robar mucho más protagonismo, os digo que Bucarest lucha por volver a ser la pequeña París, vive época de cambio y tiene todo el potencial del mundo por gente, humildad y belleza para conseguir ser lo que la historia política le robó. 

  

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