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La libertad y la salud se asemejan: su verdadero valor se conoce cuando nos faltan - Ana Miruna - SVE en España

Hola, no he escrito nada en el blog en las últimas semanas, ya que, ¿adivinen qué? ... ¡estaba enferma! Parece que todavía no me había recuperado por completo y todo ya volvía de nuevo. No quiero entrar en detalles acerca de mis síntomas o sobre mi enfermedad porque en realidad ni siquiera los médicos pueden entender lo que tengo. Imagínate estar en la sala de espera de la emergencia durante 10 horas en un día y 16 horas otra día y... ¡nada! Después de muchas pruebas de sangre, 2 radiologías, 2 ecografías y una resonancia magnética, los médicos aún no pueden entender lo que tengo. Así que al final estoy tomando pastillas para algo que yo pueda o no tener, todavía tengo algunos análisis que hacer y hay que volver al médico otra vez. Obviamente no podía quedarme más en casa, abrazando mi cama, así que decidí volver a trabajar a pesar de que todavía tengo dolor y mis brazos dan la impresión de que soy una yonki.

  

Esta fue la primera vez que estuve en un hospital en la sección de emergencias y admito que no me hace muy feliz que mi primera vez haya sido en un país extranjero cuyo idioma no hablo muy bien. Pero no fue en realidad tan malo, me defendí con mi nivel de español para hablar con los médicos y para entender más o menos lo que estaban diciendo. Teniendo en cuenta la rapidez con que estaban hablando y las palabras que utilizaban fue obvio para mí que ellos no tenían consideración alguna por el hecho de que soy una extranjera y no hablo bien su lengua, pero bueno, ¿qué debo esperar? Otra cosa: a pesar de que la sala de emergencias no estaba llena, todavía tenía que esperar muchas horas para cada pequeña cosa: para hablar con un médico, para recibir mis resultados, para hacer una nueva prueba, etc. Y créeme, no fue fácil esperar durante horas sin comer nada y mientras sentía dolor. En realidad lo que más me molestó fue la actitud de los médicos, por supuesto había algunos que eran muy amables, pero también hubo algunos que no les importaba realmente y era obvio. Entiendo que tenían muchos pacientes y su trabajo es difícil, pero cuando se sabe que una persona tiene dolor y que está esperando durante horas y horas, es normal que debes preguntarle si quiere algo como un calmante o por lo menos intentar hacerlo más rápido. Por fin, ellos me pusieron en una cama después de esperar 11 horas, pero el problema era que la cama estaba en el medio del pasillo, bajo los ojos de muchos médicos y enfermeras que pasaban por allí con indiferencia. Y en esa cama esperé 3 horas más sólo para hablar con un médico, nada más.

   

En definitiva, se trató de una experiencia. No fue una buena, pero en la vida no todas las experiencias pueden ser agradables; y aprendí muchas cosas de ella. Aprendí cómo de insignificantes son los pacientes en un hospital y no importa quién eres, de dónde vienes y cuál es su pasado, en un hospital todo el mundo está solo, vulnerable e invisible. Aprendí cómo es estar enferma durante un largo período de tiempo, sin tener ninguna mejora y todas las emociones que experimentas: fatiga, frustración, falta de paciencia, esperanza y así sucesivamente. Y sobre todo aprendí que la vida tiene partes mucho más oscuras de lo que quisiéramos creer o ver. Una vez que estás enfermo, tu vida, tu trabajo, todo se detiene y sólo hay que luchar contra eso. Es cierto lo que dicen las personas más viejas: no puedes hacer nada si no tienes salud. Así que ¡sé bueno y cuida de tu salud! Es más importante de lo que crees. Besos.

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