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De viaje por tierras gallegas - João Fernandes - SVE en España

El pasado fin de semana yo fui de viaje a Galicia.

Viajar es un objetivo muy importante para todos los voluntarios europeos. Como ya conocía muchos lugares de España antes de venir para Asturias y ya que muchos lugares de España están tan lejos de Lisboa como de Asturias (o incluso menos), yo he establecido como mi objetivo conocer mejor el norte de España. Ir a Galicia fue un nuevo paso.

 

El primer día fue bastante largo. El autobús salió de Gijón a las siete de la mañana. Algunas personas en el autobús ya viajaban desde el País Vasco e intentaban dormir. Era muy pronto y todo estaba todavía muy oscuro. También yo me quedé dormido y sólo desperté cuando el autobús ya llegaba a la frontera entre Asturias y Galicia.

El destino era Santiago de Compostela, adonde llegué más de seis horas después de salir de Gijón. Me dolía el cuerpo de haber estado sentado durante tanto tiempo sin mucha comodidad. Sin embargo, ese esfuerzo había merecido totalmente la pena: me esperaba una ciudad monumental, interesante y bonita. Ya había estado en Santiago, pero de poco me acordaba porque era muy joven, así que ni siquiera intenté visitar la ciudad como si fuera la segunda vez allí.

 

Se trata de una ciudad llena de tesoros artísticos y culturales y también llena de peregrinos, turistas y estudiantes: es uno de los lugares de peregrinación más importantes y antiguos del mundo cristiano y la ciudad tiene la universidad más importante de Galicia y una de las primeras de España. Recorrer el casco histórico de Santiago de Compostela es como viajar en el tiempo y encontrar testimonios de muchos siglos distintos,  pero todos esos edificios y calles crean un entorno armonioso.  

La gastronomía también tuvo su importante papel: como primera comida en Galicia elegí un caldo gallego, pulpo y, como postre, tarta de Santiago.

Además, estaba muy curioso por hablar portugués y confirmar que los gallegos me entendían. El gallego es una de las lenguas oficiales de España y, durante la edad media, el portugués y el gallego eran un solo idioma. Más tarde, debido sobre todo a la separación política de los dos territorios, el idioma de Portugal se desarrolló de una manera un poco distinta del gallego, que por su turno se acercó más del castellano. Aun así, el gallego me parece más semejante al portugués de Portugal que el portugués que los brasileños hablan. Sin embargo, en Brasil la lengua se llama portugués y en Galicia se llama gallego: ¡qué cosa tan interesante es la lingüística!

El mismo día nos fuimos de viaje hacia Lugo, dónde dormimos. La habitación tenía su ventana frente a la muralla romana, la más importante atracción turística de la ciudad. Esta es la única muralla romana que conserva hoy todo su perímetro, aunque haya sido objeto de muchas adaptaciones a lo largo de los siglos que han trascurrido. A los habitantes de la ciudad les gusta empezar el día con una carrera sobre la muralla, con un total de dos kilómetros alrededor del casco antiguo.

 

La muralla nos señala que Lugo era una importante ciudad romana. Como muchas ciudades romanas, Lugo fue fundada porque en ese lugar había aguas termales y los romanos eran grandes aficionados a las termas.

 

Pero Lugo es más que la ciudad de la muralla romana: es una ciudad encantadora con una catedral muy bien preservada, con una plaza mayor agradable y dónde se come bien. Además, por Lugo pasa el río Miño, que baja hacia el sur hasta que se encuentra con el océano en la frontera entre Galicia y Portugal. Nosotros bajamos también hacia el río y nos quedamos bastante tiempo en un pequeño parque, bajo los árboles, escuchando el agua del Miño.

 

Como pasa tantas veces, el retorno es la peor parte del viaje, pero eso nunca había sido tan verdadero como en el pasado fin de semana: entre Lugo y Ribadeo el autobús no cogió la autovía, sino una carretera nacional por las montañas, llena de curvas, subidas y bajadas. Cuando llegué a Gijón, mi estómago no era el mismo. Y el color de mi cara tampoco.

De vuestro amigo,

João

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