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Un jardín, un barbero, una ciudad y dos amigos muy queridos - João Fernandes - SVE en España

Fuera de Gijón, muy cerca de la Universidad Laboral, es posible visitar el Jardín Botánico Atlántico y eso lo hice yo la pasada semana. Éste es un espacio verde, amplio y muy sosegado. Los autobuses para allí son muy fáciles de coger y las entradas son baratas. Hacía sol y el viento casi no se podía sentir, así que el día estaba perfecto para pasarlo bien en el jardín durante más de una hora. Aunque yo no entienda mucho de botánica o de naturaleza en general, el paseo fue inolvidable porque el jardín parecía un pequeño paraíso con luz, sol, belleza y poca gente.

 

El sábado pasado fue la ocasión para una nueva experiencia que nunca había tenido en mi vida, aunque siempre he querido: ir a la ópera. El Teatro Jovellanos, en Gijón, recibió una producción asturiana y alemana de la obra de Rossini, “El barbero de Sevilla”. Yo estaba sentado en los asientos más baratos pero era posible disfrutar de todo lo que pasaba en el escenario: la música, el espectáculo visual, el texto. Antes que la ópera empezara, yo busqué de qué iba la obra porque creía que no entendería nada, pues la ópera es cantada en italiano. Sin embargo, había subtítulos simultáneos en español, así que no hubo ningún problema.  

Al día siguiente, muy temprano, cogí un autobús para la ciudad de León, en la Comunidad de Castilla y León. El viaje dura aproximadamente dos horas y merece mucho la pena: el paisaje de Asturias, después las increíbles montañas cantábricas y, por fin, la Meseta Ibérica hasta llegar al destino. El casco histórico de León es formidable: la Casa de Botines (de Gaudí), el Ayuntamiento, la Plaza Mayor, las iglesias y, especialmente, la Catedral. Tuve la rara oportunidad de entrar en la Catedral sin pagar y, además, escuchar un maravilloso concierto en su interior durante más de una hora. Un lugar como aquella catedral es el perfecto lugar para un momento mágico que sólo la buena música puede proporcionar. Como es fácil de imaginar, hacía un calor espantoso en León, pero afortunadamente la ciudad tiene diversos parques donde se puede caminar por la sombra y beber agua. Los dos días que pasé en León fueron, posiblemente, los mejores de mi estancia por España hasta ahora y las personas que conocí y con quien estuve son increíblemente hospitalarias.

 

Pero no todo es tan agradable como esos dos días. El miércoles los dos voluntarios que aquí estaban se fueron para sus países, después de nueve meses ayudando en el Conseyu. Nos despedimos de Artem y Viktoria antes que salieran para el aeropuerto y fue muy triste. Solo estuvimos un mes todos juntos, pero ese mes fue intenso y lleno de momentos ricos que no se podrán olvidar. Les deseo mucha suerte y volveremos a vernos seguramente. El mismo día, Ana y yo fuimos a visitar las termas romanas en el casco histórico de Gijón, cerca de la playa de San Lorenzo y de la iglesia de San Pedro. El mentor de Ana fue nuestro guía.

 

Y la semana terminó con un viaje a una pequeña ciudad asturiana, cerca de Galicia, llamada Navia. Fuimos invitados a hablar un poco sobre el Servicio Voluntario Europeo para una asociación que quiere empezar a enviar voluntarios para otros países en Europa. Más de diez jóvenes nos escucharon y tuvieron la oportunidad para hacer preguntas. Hubo aún tiempo para conocer el lugar, pero sólo había un motivo de interés en Navia: la playa, de una arena oscura pero con un ambiente muy bonito alrededor.

 

Con todas estas actividades diversas me siento cada día más como en casa en Gijón. Pero cuando el día empieza con un cielo gris (como ayer u hoy), yo entiendo que todavía tengo que acostumbrarme a muchas cosas.

De vuestro amigo,

João

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